Dime que te cuento y te diré que aprendes
Padre Marcelo Rivas Sánchez
Hay una alegría que no se puede explicar,
Pero sí vivir y contagiar. ¡Es Navidad!
El Niño Jesús toca nuestros corazones
Mamá solía decir que tocar no es entrar, pero quien no toca no le
pueden abrir. Y el Niño Dios toca nuestra puerta. Toca nuestro corazón.
Puede ser que estemos enfrascados en un ambiente de consumo y
libertinaje; puede ser que estemos muy ocupados en la compra de regalos,
incluso dándole más importancia a los juegos pirotécnicos que al
nacimiento del Redentor de la humanidad.
Ese toque con la mano tan delgada, tan tierna, tan débil que no nos
permite escuchar su sonido. Mucho ruido, demasiada música, inmensa
algarabía. Es lamentable porque no es cualquier niño. Es el Emmanuel que
se nos ha dado “Dios con nosotros” Debería haber, al mismo tiempo, alegría
y adoración, y a la vez, oración, más bien súplica de la mejor noche. La única
noche.
Ha nacido para nosotros el Salvador. Se nos viene encima la mejor
gracia en forma de ola de ternura que baña la vida de esperanza.
¡Alegrémonos! Pues en ese único y visible amor se hace hombre para la
salvación de los hombres.
Delante de su imagen en silencio orante…
Roguemos por la paz de un corazón violento que arma y desafía la
vida.
Roguemos para que apuremos el camino de la paz. Camino obligado si
queremos seguir siendo hermanos.
Roguemos para que reconozcamos en el Niño al Salvador anunciado,
que trae a todos la esperanza y la paz.
Roguemos para que la alegría de tu Navidad llegue hasta los últimos
confines del universo.
Roguemos para que despertemos al amor de hermanos y encendamos
la caridad orante y operativa entre enfermos y más pobres.
Roguemos para que el pesebre, aquel de San Francisco de Asís, nos
haga humildes y ben generosos por el bien de niños y ancianos.
Roguemos para que en la familia broten raíces de perdón y
comprensión.
En ese Pesebre que hacemos en familia se abre una puerta para la
catequesis donde se encuentra ese Niño rodeado de sus padres yd e los
pastores que han vendido a adorarle. Luego vendrá la novena aguinaldera
que en madrugadas va preparando corazones y vidas. Se dejan sonar
villancicos. En el pesebre se habla el lenguaje de la sencillez y a la vez la
grandeza de la promesa de Dios, al enviar a nuestro Salvador envuelto en
pañales. Para que luego aparezcan los Reyes Magos y todo para que
meditemos con amor profundo el nacimiento de Jesús en esta Navidad 2013.
Dejemos pues, que ese Niño, Emmanuel, Dios con nosotros, nos toque
y al hacerlo nos despierte para que seamos mejores y estemos lanzados a
una vida llena de amor y perdón.
Feliz Navidad para todos.
mrivassnchez@gmail.com
@padrerivas
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