Dime que te cuento y te diré que aprendes
Padre Marcelo Rivas Sánchez
www.diosbendice.org
Jesucristo Rey del universo
Permítanme contarles lo de aquel terrateniente que quería ser el más
noble y el más caballero. El día de su investidura prometió no arrodillarse ni
levantar sus brazos en homenaje para nadie más que su rey. Se le ordenó
vigilar la entrada a la ciudad. A una pobre campesina frente al caballero se le
volcó la carreta llena de frutas, pero él no se movió. Otra vez, un señor de
una sola pierna se le rompió la muleta y cayó y no le ayudó. Vino su nieto y
le pidió que lo tomara en sus brazos y lo llevará al parque, pero este se negó.
Finalmente, el rey vino a inspeccionar la ciudad y visitó al caballero que
estaba rígido guardando la entrada. El rey lo inspeccionó y observó que
estaba llorando. ¿Por qué lloras? Porque ahora no puedo cumplir mi voto.
Desde hace mucho tiempo no me he movido y eso ha producido su efecto y
hasta las junturas de la armadura se han oxidado. Ya no puedo levantar los
brazos ni doblar las rodillas. El rey, como un buen padre, le dijo: Si te
hubieras arrodillado para ayudar a todos los que pasaban y hubieras
levantado tus brazos para abrazar a todos que acudían a ti, hoy, podrías
haber cumplido tu voto dándome el homenaje que juraste no rendir más que
a tu rey.
Finalizamos el calendario litúrgico para iniciar el tiempo del Adviento
y el Año de la fe donde fuimos invitados a renovar nuestra fe. Una acción-
estrategia de la Iglesia que busca animarse, salir de la rutina donde poco a
poco va muriendo la fe. Una fe que es más importante que la vida, pues una
vida sin fe se desbarranca y de diluye en la tristeza y el olvido. La fe,
entonces, es clave para el mejoramiento donde Cristo se hace centro de toda
la vida.
Un Año de acciones para reconquistar, animar y despertar la fe. Un
anhelo hermoso y bondadoso del Papa Emérito Benedicto XVI para
alimentarla en la sonrisa humilde del Papa Francisco. Más que un año ha
sido un despegue en la toma de consciencia en una Iglesia-Comunidad que
quiere vivir, de vuelta, el Evangelio de Jesucristo.
Ese Rey del Universo nos quiere con fe viva y en acción. Una acción
que sabe leer y vivir en San Pablo donde Jesús es "la imagen visible del Dios
invisible" Pero sin fe, sin amor nunca lo reconoceremos, al igual como
Pilatos, quien colocó ese letrero: INRI, Jesús Nazareno Rey de los Judíos. En
aquella cruz estaba todo lo que había enseñado y vivido. Una acción de amor
para toda la humanidad.
Una fe viva para que entendamos que ese Reino no es de este mundo.
Y para que lo podamos tener y amarlo se hace necesario reconocer a Jesús
como rey y Señor del amor de Dios que se entregó por amor a nosotros. Es
una promesa que se actualiza en el presente. Por eso, hay que buscarlo en la
fe activa que llena todo del amor de Dios y de esta manera reina en nuestros
corazones.
Al reconocer a Jesús como rey, de inmediato, los otros reyes quedan
sin efecto: el dinero, al fama, el triunfo, los aplausos… Hay que vaciar de
toda vanidad el corazón y avanzar. Porque sólo desde la muerte de Dios,
sólo desde la debilidad, sólo desde el amor sin límites, Cristo es constituido
Señor y Salvador. Y desde ahí pudo perdonar al ladrón que le robó el
milagro: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” Así pudo convertir el agua en
vino ante la petición de su queridísima madre “Hagan lo que él les diga”
Además. Hacerse sacramento (7) para disfrute de su gracia o devolverla.
Debemos ante el Rey de Reyes pedir perdón, reconciliarnos, unirnos y
en constante oración permanecer a su lado. Es el tiempo de poner en el
centro a Cristo, único centro, único Señor y salvador.
mrivassnchez@gmail.com @padrerivas
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