Dime que te cuento y te diré que aprendes
Padre Marcelo Rivas Sánchez
www.diosbendice.org
La vida de los que en Ti creemos,
Señor, no termina, se transforma;
y al deshacerse nuestra morada terrenal,
adquirimos una mansión eterna en el Cielo.
(Prefacio de la misa de difuntos)
¿A dónde iremos después de la muerte?
Muchos creemos que nos quedaremos en el cementerio después de la
muerte o que todo termina en el campo santo, tan abandonado, tan mal tratado y
tan dejado en la ausencia de sentimientos de respeto en recuerdo a los que han
partido.
Sin pensarlo dos veces, sé que cada noche morimos y encada amanecer
volvemos a nacer, o por lo menos a la hora que despertemos. Y todo porque
Dios así lo quiere. Por eso la pregunta es ¿Qué hay más allá de la muerte? ¿Hay
vida después de esta vida? ¿Queda el hombre reducido al polvo?
Observemos a la Santísima Virgen en su Asunción. Fue llevada al cielo en
cuerpo y alma para que sea signo de esperanza para todos. Ella mortal como
nosotros, creyente es elegida por Dios para estar junto a Dios. Pero ella no le
dejó todo a Dios hizo su parte. Vivió cumpliendo la voluntad de Dios.
Recordemos cuando le pidió que fuera la madre de Jesucristo para que el ángel
le dijera la llena de Gracia (Lucas 1,28), es decir la toda santa y por eso responde
afirmativamente.
En nosotros Dios nos obsequia el mayor bien que es la salvación eterna.
Esto quiere decir que nos permitirá ver a Dios cara a cara (1 Corintios 13,12) De
esto es de lo que les quiero hablar. Del cielo, regalo del amor de Dios en nuestro
esfuerzo diario. Bien lo describe San Pablo "ni el ojo vio, ni el oído escuchó, ni el
corazón del humano pudo imaginar lo que Dios ha preparado para aquéllos que
le aman" (1Cor. 2, 9) Entonces vivir, estar un tiempo en esta tierra es un paseo
que algún día termina. Hay que preparar esa llegada al cielo.
La muerte no es el final triste y desolado, sino el comienzo a una vida
mejor y diferente. Por eso no hay que pensar en la muerte con miedo o
imaginarse que es algo de horror donde todo termina. San Juan Crisóstomo
solía afirmar: "la muerte es el viaje a la eternidad" Además, podemos encontrar
en Juan 14,2-3 una gran promesa: "En la Casa de mi Padre hay muchas
mansiones, y voy allá a prepararles un lugar... Volveré y los llevaré junto a mí,
para que donde yo estoy, estén también ustedes"
Ante la muerte respeto y oración. Nunca verla como un castigo de Dios o
una desgracia. San Agustín quien había desgastado su vida en el pecado y había
vuelto a Dios con profunda conversión de la muerte, en la cual vivía, decía: "Qué
dulce es morir si nuestra vida ha sido buena" Entendamos que no importa el tipo
de muerte o el momento de la muerte, sino el estado del alma en el momento de
la muerte. He ahí el motivo de este artículo.
Cuando morimos todo se detiene hasta el regalo de la eternidad. Nuestra
alma ya separada del cuerpo será juzgada por Dios. Debemos entregar cuentas a
Dios de todo (Mateo 25,31-46) Observemos lo importante y urgente no cruzarnos
de brazos a esperar la muerte, sino que hay que actuar y en beneficio de cada
uno. Sin olvidar que nadie sabe el día ni la hora de la muerte y lo que está en
juego es nuestra eternidad.
Qué bueno es saber que en la Biblia podemos leer "Yo soy la
Resurrección y la Vida" (Juan 11, 25) Pero eso sí, no es cuestión de comprar,
adquirir por pólizas o jugar a las aproximaciones. Frente a nuestra vida y a la
hora de la muerte: Cielo, Purgatorio o Infierno.
De los tres el Infierno es el más grave y definitivo. De allí no se sale y ya
nada vale, pues es un lugar de castigo eterno donde van las almas que se han
rebelado contra Dios y mueren en esa actitud.
A quien está leyendo. Esto es para despertar conciencia, aunque el miedo
nos pueda salvar, nos paraliza. No es para asustar, pero sí para prevenirlos y
hacer que esa vida que lleva de indiferencia, alejamiento hacia las cosas de
Dios. Con ausencia de vida sacramental, con odios y una dificultad grande para
perdonar.
Vivir en el pecado y morir así es perder la promesa de salvación de Dios.
La gravedad de todo es que nos alejamos voluntariamente de la presencia de
Dios a sabiendas que estamos obrando mal. Ese día si será un entierro bien
doloroso, triste y de color de muerte que será dentro de un castigo eterno.
Vivir sin Dios para ganar el infierno,
es cosa de locos que olvidaron la misericordia de Dios,
prefiriendo los placeres del mundo que no salva a nadie.
mrivassnchez@gmail.com
@padrerivas