Un regalo
P. Fernando Pascual
12-10-2013
Llega, como regalo, una caja de chocolates. Deliciosos, envueltos con papeles de diseños
diferentes.
Puedo quedarme con ellos y comerlos poco a poco. Puedo ofrecerlos discretamente a pocos
amigos. O puedo darlos a manos llenas, sin medida, hasta que se acaban sin haber probado ni
siquiera uno...
La vida también es un regalo. Empezamos a existir desde el Amor de un Dios que no conoce
límites, que da con gozo paterno. Seguimos cada día en el camino porque Él nos mantiene con
cariño, nos cuida con mil detalles, que van desde el aire y el agua hasta medicinas y ayudas de
amigos fieles.
En la existencia humana todo es, en cierto sentido, regalo. ¿Qué haré con lo que he recibido?
¿Cómo emplearé mi tiempo? ¿En qué invertiré las cualidades de mi mente y de mi corazón?
¿Cómo usar esos objetos que facilitan mi existencia?
Lo sé: hay más alegría en dar que en recibir (cf. Hch 20,35). El Maestro me lo enseña con Sus
palabras y con Su vida, hecha donación completa al Padre y a los hombres.
Por eso necesito abrir los ojos del alma para ver cómo puedo ofrecerme alegremente a mis
hermanos, qué servicios buenos necesitan, cómo ayudar al caído, al hambriento, al triste, al
enfermo, al anciano.
Hoy he recibido una caja de chocolates. Son un don que vale mucho si aprendo a compartirlos.
Así viviré un poco, en mi pobre medida humana, como se vive en el mundo divino, donde lo
único que importa es dar con alegría.