Dime que te cuento y te diré que aprendes
Padre Marcelo Rivas Sánchez
www.diosbendice.org
Prez y Gloria a la Virgen Sagrada,
que del Valle do reina el dolor.
A la Excelsa y divina morada
surgió en alas del célico amor.
Bendícenos Santísima Señora del Valle.
No hace falta que uno tenga que nacer en estas tierra de gracia del
oriente del País para ser bendecido por la Santísima Virgen del Valle. Es
que Ella bendice a los nacidos, a los que hemos sembrado los días en su
regazo y los que por la fuerza de la fe nos ha tocado llegar hasta sus pies.
En Ella está la fuerza de Dios en su amor. En Ella hay “un no sé
qué” invitando a su encuentro. Por eso volví en medio de una gran
oscurana. Sentí el aire fresco que venía de Puerto Sucre. Escuché a lo
lejos el ladrido de los perros y pisadas rápidas que se perdían en la
distancia. Un silbido que alertó que alguien se aproximaba. Era uno de los
noctámbulos que pululan por las calles buscando distracción y
vendiendo ilusiones. Medio escondido lo vi pasar entre las sombras.
Cuando se perdió a lo lejos pude entrar en el recinto del templo.
Allá estaba la Virgen del Valle, siempre despierta, nunca duerme.
Con sus manos en oración y la mirada a los hombres y mujeres de buena
voluntad. Me acerqué sigilosamente y cayendo de rodillas la saludé con
discreción y entre murmullos fui pronunciando: Dios te salve María, llena
eres de gracia… Hasta que me interrumpió para susurrar: ¿Qué haces por
estos lados? ¿Sabe San Antonio de Padua que andas por aquí? Palabras
suaves, cálidas y a la vez penetrantes.
Nada, nada Señora, respondí. Sólo pasaba por aquí. Ella sonrió
para hablar con mayor franqueza. Cómo siempre jugando al gato y al
ratón. Dime, dime de una vez, replicó. Sin mucha explicación de inmediato
fui al grano. Estoy muy preocupado, pues ya la gente no es igual. Muchas
divisiones. Demasiados enfrentamientos. Ya no nos miramos como
hermanos y por las calles corre mucha sangre.
De repente entró por una de las ventanas una ráfaga de viento que
movió las sombras y me hizo encrespar la piel. Ella, para suavizar mi
intranquilidad, dijo afanosamente: es el viento, es el viento que juega a
las carreras. Yo, entonces, proseguí. Pareciera Señora que lo de Mateo
10,16 se estuviera cumpliendo: “Yo los envío como ovejas entre lobos.
Sean, pues, precavidos como las serpientes y sencillos como las
palomas” Pues hay mucha violencia entre todos los venezolanos.
Enseguida, levantó su mirada, frunció el ceño y con calma hablo: la
humanidad se ha rebelado contra Dios. Se han olvidado del santo temor y
han dejado a un lado la hermandad para tomarse para sí la venganza y el
odio. Ya no hay caridad. Hay una constante maldad en los corazones. Los
fuegos del odio y el egoísmo se atizan con vehemencia para hacerse
daño.
Son demasiados los que han equivocado el camino y las armas del
demonio para actuar. Claro que tienes que estar preocupado, pues los
sacerdotes quieren que la gente viva en la paz y la justicia. Pero no basta
con que lo digas, tienes que hacerlo sentir en su propia vida. Pues es muy
fácil hablar y reclamar, pero hondamente vivirlo es una tarea prioritaria.
Por tanto, hay que llamar a las familias para que vuelvan a sus
quehaceres de amor, formación y escuela de virtudes. No pueden seguir
apañando y alcahueteando tanta inmoralidad, malos ejemplos y
situaciones que provocan tan malas situaciones.
¿Sabe una cosa? Yo también salgo en las noches a caminar. Y en
cada salida veo a muchos agotados en el odio, esclavizados de la
violencia, enfermos de la rabia. Sin respeto a la vida humana y muy
enfrascados en la cultura de la muerte.
De muy cerca se escuchó el cantar de un gallo y arriba en el
firmamento se empezó a agitar el sol. Todo indicaba que iba a amanecer.
Me puse de pie para salir y Ella me detuvo para decirme: hazlo de prisa
que viene gente, hoy es primer viernes y el Corazón de Jesús sale muy
temprano a bendecir.
Busqué la ventana salí por ella y en la calle una más grande
oscurana. La lucha entre luna y sol se disputaba entre la mirada triste de
las estrellas. Avance con rapidez buscando no ser visto por nadie. Me
escurrí sin hacer ruido y detrás de mí pude escuchar: diles a todos que el
pecado hace mucho daño. Qué yo rezo por todos y quien me haga el
Santo Rosario siempre le acompañaré para defenderlo de todo peligro.
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@padrerivas