Un gran contraste
Al tiempo que se celebraba el encuentro del Papa con los jóvenes en la playa de
Copacabana, en Río de Janeiro, hacia las diez de la noche hora de Brasil, justo
cuando la Iglesia católica se daba cita para celebrar la vigilia de oración con el
Santo Padre, y cerca de tres millones de jóvenes llenaban cada centímetro de
arena, un grupo de unas 50 personas montaba una manifestación con eslóganes
ofensivos contra los católicos. Algunos iban semidesnudos y fueron
extremadamente groseros con las personas congregadas para escuchar al Papa.
Decían frases contra Francisco y no paraban de gritar que Brasil era un estado laico
mientras mezclaban peticiones del lobby LGTB.
Mientras ellos buscaron su hueco en los medios intentando ofender, jóvenes de
todo el mundo se convirtieron en noticia por sí mismos con su sola presencia por
una única razón, porque Cristo, muerto y resucitado, envía a hacer discípulos por
todo el mundo.
Al día siguiente, en el viaje de regreso a Roma, un periodista preguntó al Papa,
¿Quería saber cómo va a afrontar todo lo relacionado con el “lobby gay”?
Respondió: Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién
soy yo para criticarlo? El catecismo de la Iglesia católica lo explica de forma muy
bella esto. Dice que no se deben marginar a estas personas por eso. Hay que
integrarlas en la sociedad. El problema no es tener esta tendencia. Debemos ser
hermanos. El problema es hacer un lobby. Este el problema más grande. Le
agradezco tanto que me haya hecho esta pregunta. Gracias a todos”.
Sin duda que es un gran contraste entre la actuación y comportamiento de ciertos
miembros del lobby LGTB y el que ha demostrado el Papa Francisco.
Jesús Domingo Martínez