Dime que te cuento y te diré que aprendes
Padre Marcelo Rivas Sánchez
La luz de la fe
Ya el Papa Francisco deja por escrito su aporte para el Año de la fe, con la
Carta Encíclica “Lumen Fidei” que tiene su centro de acción desde el texto bíblico
de Juan 12,46 “Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará
en tinieblas” Sin dejar a un lado a San Pablo en 2 Corintios 4,6 “Brille la luz del
seno de las tinieblas”, ha brillado en nuestros corazones”
Tiene cuatro capítulos y 60 números para la reflexión. Es una exposición
muy sencilla de lo que es la fe en concordancia con Benedicto XVI el Emérito Papa
que hizo posible el Año de la fe. Es, entonces, una comunión entre los dos Papas
donde se combina lo esencial de la fe con ese lenguaje asequible a todos. Se
presenta a la fe como una luz que sale de lo profundo de la Palabra de Dios. Como
una gran lámpara que hace de cirio en la oscura noche. Esa lámpara es Cristo que
sale a nuestro encuentro, por puro amor para iluminarnos en las noches de
equivocaciones y errores.
Allí se le da su puesto, tan importante y necesario, a la familia que es el lugar
privilegiado para esa transmisión de la fe. La familia hace de faro que irradia luz –
enseñanza para todos y así dar a conocer a Cristo vivo y en medio de todo. Claro
donde el amor se prolonga como camino bien diseñado por el Papa Francisco en su
vida y palabras. Por tanto, de mucho vínculo pastoral a un excelente estilo de
catequesis fácil de comprender.
La Encíclica nos lleva, con fino tacto y natural vivencia, a no perder nunca la
esperanza. Pues hay muchos momentos oscuros donde la fe se envuelve en
tristeza, desolación, y desánimo, incluso donde se culpa a Dios. Para muchos es
frecuente renunciar a la misa, a los sacramentos por estados de ánimo contrarios
donde, incluso, es tan grande la oscurana que nos encerramos dando paso a
supersticiones y perdida de la fe.
Hoy en día es necesario, casi urgente, que despeguemos hacia una fe que se
ilumina para todos desde la Palabra para no caer en falsas concepciones donde hay
confusión e ignorancia. La fe es un regalo de Dios y hay que pedirla siempre. Esta
luz, lumbrera de fe, nos orienta y fortalece a los corazones para que vayamos a una
vida de compromiso solidario con todos. Resultando una muy cercana relación
entre fe y caridad. Caridad que es como sello y enlace para construir una sociedad
de paz y justicia.
Todos debemos buscar la verdadera fe que nos revela a Jesucristo donde
todos estamos llamados a reconstruirnos. Por eso hay que pedirla y al sentirla hay
que cuidarla sin mezquindad, sin medias tintas. Cuidarla como se cuida los órganos
del cuerpo. De ahí que comience con una primera parte que desde Abraham
pasando por el pueblo de Israel donde la incredulidad y los ídolos van distrayendo
hasta la presencia de Jesús para dar cumplimiento a todos las promesas. Aceptar la
fe es querer cambiar y nacer de nuevo, por eso la fe es verdadera luz que invita a
esa transformación.
En la segunda parte aparece la verdad como centro de fe, pues sin la verdad
la fe nunca nos va a salvar. Todos buscamos la verdad y a esa búsqueda nadie
debe renunciar. A tal punto que la verdad nos lleva al amor y el amor por la fe es
iluminado. Para entender y comprender todo se hace necesario escuchar, que es el
significa hermoso de la oración.
La parte tercera y cuarta hacen referencia al lugar de la fe en la interioridad
de cada uno. Con una invitación a salir de esa soledad “inventada” para hacernos
comunidad. La Iglesia, más que lugar, encuentro con Dios, reúne a todos en la fe
para ofrecer testimonio de vida y de acción. En la Iglesia nace la fe y se comunica.
Pero además, subraya que la fe es una que se debe, insisto, alimentara, testimoniar
y garantizar ofrecida a todos como regalo del amor de Dios. Y por último, en
referencia a la cuarta parte, esa fe que se tiene y cultiva no nos debe aislarnos de
las situaciones. Todo lo contrario, nos lanza a conocerlos y amarlos, es decir, una
persona con fe sabe atender, a tiempo y destiempo, las diversas situaciones de
pobreza, enfermedad e injusticia que quiebran la dignidad humana.
Les invito a leer esta maravillosa carta donde la fe en Jesucristo es para
todos un bien muy grande. Y de esta manera, no dejarse robar la esperanza.
Finalizando la encíclica con la contemplación de María, la figura por excelencia de
la fe, aquella que ha escuchado la Palabra y la ha conservado en su corazón, la que
ha seguido a Jesús y se ha dejado transformar.
mrivassnchez@gmail.com
@padrerivas