Dime que te cuento y te diré que aprendes
Padre Marcelo Rivas Sánchez
www.diosbendice.org
Para que aprecies la Santa Biblia
Cuando se abre las cartas de Pedro encontramos una hermosa y
alegre verdad: La palabra del Señor permanece y es el evangelio que les
anunciamos (1 Pedro 1,25) Hermosa porque nos lleva a recordar al Verbo
que se hizo carne en Juan 1,14 y alegre porque nunca ha dejado de ser
Buena Noticia. Es tan noticia que esta Palabra está en la vida y en la misión
de la Iglesia. Y hoy, dejando que Dios actúe, en lo que él mismo prometió:
estaré presente donde dos o tres se reúnan en mi nombre de Mateo 18,20.
En esta alegría se encuentra en Jesucristo que para conocerlo y
amarlo debemos encontrarlo en la lectura asidua y meditativa de la Palabra
de Dios. (Biblia 46 libros Antiguo Testamento y 27 Nuevo Testamento) Si no
lees su Palabra nunca llegarás a conocerlo y mucho menos a amarlo. Pues él
sólo tiene palabras de vida eterna que se lee en Juan 6,68. Y al leer su
Palabra, no solamente lo conoceremos, sino que tendremos mucha vida,
mejor en abundancia (Juan 10,10)
Son muchos los que piensan que la lectura de la Biblia es para los
evangélicos, o los que están desesperados e incluso que su lectura afecta y
enloquece. Cuestión que es totalmente falsa de toda falsedad. Pues la Iglesia
se funda sobre la Palabra de Dios y aún más, nace y vive de ella desde
siempre. No es que es ahora. No, es por siempre. Claro reconozcamos, que
hemos olvidado que Dios, desde la Palabra, responde a nuestra cotidianidad.
De ahí el surgimiento de traducciones de la Biblia al lenguaje e idiosincrasia
de los pueblos y así facilitar la Palabra a todos. Además, en la Biblia
encontraremos muchos personajes aleccionadores. Uno de ellos San Pablo,
quien hacia todo por el Evangelio. Ni se avergonzaba de esa palabra que era
fuerza de salvación para todo el que cree (Romanos 1,16)
La Biblia es la que guarda la Palabra de Dios. Por eso se le llama
conjunto de libros que más que contar, quiere enseñar a un Dios lleno de
amor y misericordia. Leamos pues con mucha atención: “En el principio ya
existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios, y la
Palabra se hizo carne” (Jn 1,1.14) Observen que no hay mayor amor en Dios
que desde siempre nos ama y nos oye. Entonces, para conocer ese amor y
saber que quiere decir Dios a cada uno hay que leer su palabra. Y esa
palabra penetra hasta las fronteras del alma y del espíritu (hebreos 4,12)
Esa palabra nos da luz, nos acompaña y nos fortalece. Bien lo dice el
salmista en el 119, 105 La Palabra es “lámpara para sus pasos, luz en su
sendero" Es por eso que nos acompaña en el día a día de nuestro caminar.
Sin olvidar que en la Palabra encontramos a Dios que dialoga y esto se
resume en una escucha atenta que nos hace percibir a Dios en el silencio de
esa lectura meditada de su Palabra. Aquí es muy importante saber que
cuando oyes la Palabra en la Santa Misa te estás uniendo a millones y
millones que en el mundo lo hacen y así alaban y bendicen a Dios.
Muchas veces decimos que no la leemos porque no la entendemos.
Pero al comenzar lentamente vamos, sin querer, en forma suave, dejando
que Dios penetre y resuene dentro de cada uno. Como el aceite en la
cerradura que está pegada o la tuerca que no se afloja. Al colocarle el aceite
y este al hacer efecto la destranca y eso hace que a nosotros nos quite esa
pereza propia del que se siente abrumado por tantas páginas. Esa lectura
asidua, incluso, me lleva a conocer, comprender y amar a la Iglesia. Es
desde la Palabra como nos enteramos que Cristo la funda, la vitaliza y la
acompaña.
Hay algo que va más allá de simple información. Que la lectura de la
Biblia nos incorpora a una acción inmediata, pues me invita al anuncio de la
Buena Noticia. Vayan por todo el mundo a anunciar la Buena Nueva (Marcos
16,15) Bien lo vemos en la recomendación que le hace Pablo a Timoteo: todo
texto de la Escritura es útil para enseñar (ver 2Tim 3,16) Es también, una
buena herramienta para defender a los que atacan con mentiras a nuestra
religión. Debes recordar que “Católico ignorante es seguro protestante”
Observemos a la Virgen Santísima: "He aquí la esclava del Señor,
hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38) Recuerda que sin compromiso no
la puedes leer, pues al leerla Dios te va a mandar, a cambiar y buscará
siempre tu conversión. Nada de miedo. Es Dios que te habla y te acompaña.
Animo. No tengas miedo. Abre la Biblia y te recomiendo que
comiences por el Evangelista San Marcos del Nuevo testamento.
mrivassnchez@gmail.cm @padrerivas