GPS, hacia una ecología de las relaciones.
EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA
emiliorodriguezascurra@gmail.com
Un GPS es un instrumento que nos permite ubicar un lugar, calles, edificios, sitios
verdes, etc. a partir de otro, es decir, ubicamos una calle, por ejemplo, desde el sitio
donde estamos en el presente y un mapa nos indica cómo hacer para llegar hasta allí.
Así pues, un GPS aparece como un innovador aparato que nos provee de la información
suficiente para llegar a destino; en el camino nos son indicados controles policiales,
cabinas de peaje, señales de tránsito, entre otras cosas.
La tecnología puede, como en este caso, jugar un rol preponderante en nuestra vida, con
este poderoso aparato llegamos rápido, incluso, a nuestro destino de vacaciones en el
que esperamos desenchufarnos del vertiginoso ritmo laboral, aunque esto aparezca
como una posible contradicción.
Otro ejemplo podría ser el de los correos electrónicos, lo que siglos atrás tardaba meses
en comunicarse, y tan solo años atrás tal vez algunas horas, hoy se realiza al instante.
Dos amigos pueden coordinar planes y proyectos simultáneamente sin moverse de sus
escritorios, o incluso desarrollarlos desde ellos.
La tv nos entretiene, internet nos comunica y nos mantiene conectados con la
“realidad”, las redes sociales nos conectan, todos éstos artilugios forman parte del
programa de vida de gran parte de la sociedad, especialmente de los mas jóvenes.
Estamos deseosos de ser los primeros en leer y recibir novedades a través de la web, a
cada rato consultamos el correo, revisamos las pantallas del celular con el serio temor
de que por alguna cuestión desconocida un mensaje hubiese entrado sin que el mismo
emitiera sonido. Incluso movilizaciones sociales multitudinarias, como las ocurridas
recientemente en Egipto, surgen a partir de la utilización de estos medios.
Todo es rápido, el mundo virtual radica en la inmediatez, y nuestra necesidad de
alimentarnos de él es cada día mas fuerte, al mismo tiempo las redes sociales nos
“enlazan” con personas que, muchas veces, lejos están de ser quienes dicen ser, pues se
trata de identidades virtuales.
Entonces cabe preguntarnos, ¿podemos hablar de realidad cuando la realidad nos invita
a reflexionar sobre el uso de éstos medios y nos indica que lo verdadero es lo que se
mueve a nuestro alrededor? ¿podemos decir que tenemos mil, o dos mil, amigos en
facebook aun sin conocerlos personalmente y sabiendo que, quizá, nunca conoceremos
a la mayoría de ellos? ¿suple nuestro celular al contacto interpersonal, con sus riquezas
y posibilidades?
Ninguno puede desconocer las bondades de estos medios, la perspectiva que han abierto
en la relación con el mundo, etc., sin embargo creer que podemos no solo relacionarnos,
sino generar y sostener esas relaciones solo por medios virtuales parece ser la propuesta
de época, la misma hace agua tan solo al encontrarnos con el horizonte de lo
comunitario, lo que es común a todos, ¿podemos generar una auténtica comunidad tan
solo con estos medios?
Pensar en un GPS de las relaciones humanas parece aún una aventura, imaginemos que
somos el auto que ubicado en un lugar desea llegar a otro punto sabiendo lo que hay a
su alrededor, ¿puede un “aparato” mejor que el de la propia conciencia y los
sentimientos determinar lo que lo rodea, estableciendo lo que le parece bueno y lo que
no?
El aburrimiento en el que se ve sumergida parte de la sociedad que ha abandonado su
contacto con las cosas para mirar la realidad desde los medios, y ya no en primera
persona, va generando una especie de opio colectivo que se trasluce en la ausencia de
relaciones sociales maduras, proyectos comunitarios de desarrollo, participación en
diversas instituciones en las que antes aparecía reflejada la vida social de un grupo, etc.
La solidaridad y los valores también parecen ir en esa misma dirección. Con individuos
que no miran hacia adentro de sí mismos en busca de una receta de vida que supere las
próximas 24 hs., sino que están en otro lugar, en aquel al que los medios los movilizan,
alejados del centro de sí en donde yace el sentido último de su vida.
El desafío radica en evaluarnos a nosotros mismos en relación al aprovechamiento de
éstos medios, que no son malos, el uso que hacemos de ellos es lo perjudicial. Pensar en
una relación ecológica de los mismos, privilegiando el encuentro con los demás, la
naturaleza, generando alternativas de vida sanas y saludables, descubriendo nuevas
capacidades reales y concretas, redescubriendo el valor de lo común al que estoy
invitado a participar y formar parte.
Programemos nuestro GPS hacia un destino concreto y posible de alcanzar, sin temor a
enfrentar la realidad tal cual somos, sin necesidad de escondernos detrás de máscaras,
conscientes de que somos nosotros mismos, y nuestra autenticidad es un don para los
demás en la medida en que nos disponemos a servir. El don de darnos a los otros es
mucho mas beneficioso no solo para nuestra propia salud emocional, sino también para
nuestra propia salud física. Recordando que de la relación coherente entre lo que
pensamos, decimos y hacemos está forjado nuestro rumbo pero principalmente nuestros
resultados.