La educación en clave transformadora.
EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA
emiliorodriguezascurra@gmail.com
La educación nos sitúa ante un gran dilema: ¿cuál es el objetivo que perseguimos al
atravesar el proceso educativo?. Me refiero a todo éste, desde la escuela primaria y hasta
la educación superior: universitaria o terciaria.
Mas allá del logro meramente académico considero que el mayor avance radica en la
transformación que la educación debe hacer de nuestra vida, de nuestra cosmovisión, de
los parámetros desde los cuales miramos al mundo y lo analizamos. Pues bien, al entrar,
y ahora sí me refiero especialmente al ámbito de la educación superior, en ella tenemos
una visión de la realidad mas o menos abierta, pero visión al fin.
El caminar a lo largo de este trecho debe ayudarnos a ir descubriendo que nuestras
afirmaciones sobre sucesos precisos de la misma que antes nos parecían acertadas, y
hasta dignas de ser expuestas y aplaudidas, ya no ocupan el mismo lugar. Descubrimos
que la situación no era tan simple, ni puede ser abordada desde nuestra mirada simplista
y generalmente pobre respecto al conocimiento que tenemos sobre ella. La realidad es
mucho más compleja.
Si al ingresar en la educación superior sostenemos, por ej., que “todos los que viven en
una villa miseria son delincuentes y drogadictos”, y al salir de ella continuamos
pensando igual, algo no ha salido del todo bien, nuestra mirada sigue siendo reducida y
acartonado respecto de una realidad que reviste de un marco mucho mas complejo, en el
que las problemáticas abundan y no pueden ser reducidas únicamente a la “vagancia o
dejadez” de las personas que viven en estos barrios marginales. No alcanza con
modificar el vocabulario con el que describimos ésta realidad, bien podríamos referirnos
a ellos ya no como “delincuentes y drogadictos”, sino como “inadaptados sociales y con
problemas de adicciones”, en el fondo estamos afirmando lo mismo, y reduciendo a
toda la población villera al mismo diagnóstico, en palabras mas vulgares: estamos
metiendo a todos en la misma bolsa.
Pensar a la educación como una actividad que redime , provoca un cambio en nuestro
interior, es pensarla como un ámbito que me predispone a generar el cambio social que
tan necesario es, comenzando para ello con la transformación de mi cosmovisión,
enriqueciéndola y no dejándola presa de mi subjetivismo conveniente, sino lo mas libre
posible de toda atadura ideológica. La educación nos mueve e impulsa a generar una
transformación de la sociedad, no la de las armas ni la de la lucha sin sentido (o por la
lucha misma), sino la del pensamiento, en palabras de Fernando Savater: la aventura del
pensamiento.
La educación genera profesionales, pero también sienta las bases del ciudadano y es
forma integralmente al hombre y a la mujer de su tiempo, de hoy.