Biblia y esperanza
EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA
emiliorodriguezascurra@gmail.com
La palabra Biblia proviene del griego βιβλία (los libros) y hace alusión a los libros
sagrados del judaísmo (Pentateuco: primeros cinco libros del Antiguo Testamento) y del
Catolicismo (se suma el Nuevo Testamento), en ella se transmite la Palabra de Dios.
Βιβλία es el plural de βιβλίον (biblión) que significa rollo o papiro, término que era
utilizado también para designar al libro. Los investigadores aseguran que su nombre
haría referencia a la ciudad de Biblos, en el Líbano, un importante mercado de papiros.
No obstante la traducción más cercana a nosotros es la que alude a Biblia como
conjunto de libros, y esto es cierto, pues la Biblia reúne el compendio de 72 libros
canónicos, es decir, los constitutivos de la misma que han sido cuidadosamente
seleccionados por la Iglesia como transmisores de la Revelación de Dios al Pueblo
elegido: 46 corresponden al Antiguo Testamento y 27 al Nuevo Testamento.
La Escritura es presentada como la Palabra de Dios expresada en palabra humana,
reflejo de aquello que los Profetas, enviados del Padre, anunciaron al Pueblo y que se
cumplió en Jesús, Palabra Encarnada, imagen visible del Dios invisible, expresión del
ser secreto de Dios. El Padre ha hablado a lo largo de toda la historia, y lo sigue
haciendo: antes a través de la voz de los Profetas hoy desde la de nuestros Pastores.
Con los Profetas fue preparando al Pueblo para la venida del Mesías, pues toda
profesión es un anuncio frente a otros, un mensaje que es proclamado públicamente.
Dios quiere revelarse a sus hijos por su bondad y sabiduría, se comparte libremente y lo
hace desde la economía divina: el modo en que elige expresarse a su Pueblo, esto
constituye la historia de Salvación.
Se revela a un pueblo determinado, errante y vagabundo, como lo era el Pueblo de
Israel, protagonista principal de esta historia de Salvación. El que espera pacientemente
la venida del Mesías prometido, y cree, confía, tiene esperanza.
La Biblia se convierte en el libro de la esperanza de un pueblo que aún en la peor de sus
situaciones no desespera, sino confía; sus momentos de vacilación son complementos
que fortalecen la esperanza. Dios no se desentiende de ellos, los asiste y acompaña, les
habla en sus Profetas con la lengua que ellos usan.
La Biblia se transforma en un conjunto de libros itinerantes, no sólo el pueblo lo era,
sino que aunque refleja las vivencias, las costumbres y tradiciones, los hechos y
acontecimientos, y se enmarca en un contexto determinado diverso del nuestro, por su
carácter itinerante tiene algo que transmitirnos a nosotros, es fuente de nuestra vida
cristiana, espiritual, moral y dogmática; abre caminos con sus enseñanzas, genera
esperanza, llega hasta nuestros días con un mensaje auténtico y renovador.
Los autores de los libros sagrados fueron guiados por el Espíritu Santo para llegar con el
mensaje de Dios a sus comunidades, y a otras mas lejanas luego, se adaptan a su
experiencia de vida: la de peregrinos en el desierto, oprimidos por los imperios de la
época, la de eternos buscadores de la paz, que se convierte en una experiencia concreta
de fe, pues es en esa historia concreta en la que Dios se les revela y no en otra de
fantasía.
Puede admitirse la presencia de un Dios “menos benevolente” en el Antiguo Testamento
y uno “todo misericordia” en el Nuevo, parece esto una contradicción, un cambio en la
personalidad del mismo Dios, sin embargo no son más que muestras del amor del Dios
que se da a conocer al pueblo, y este lo interpreta según su visión de la Divinidad, desde
su experiencia cotidiana de fe. Estas dos imágenes de Dios, que no son más que una, es
el signo de esperanza de que la Promesa cumplida por Cristo en el supera toda visión
equivocada del Padre.
Muchos de los hechos narrados en la Biblia están lejos histórica y espacialmente de
nosotros, incluso el mismo Jesús. Son los relatos de quienes vivieron estos hechos los
que no sólo nos los recuerdan sino que nos los transmiten, pues hay en ellos mucho de
su propia experiencia de Dios, de su propia espera esperanzada.
El encuentro con la Sagrada Escritura es un encuentro con Dios, su lectura,
contemplación y meditación nos acercan a ese Padre bondadoso que quiere hablarnos y
guiarnos, y que en Jesús se hace visible y hombre como nosotros, este encuentro es
verdaderamente transformante, inaugura una vida nueva.
Con su lectura hacemos nuestro el testimonio de aquellos que nos anticiparon en el
camino de la fe, auténticos interlocutores (puentes) entre Dios y los hombres, y nos
proponemos seguir sus enseñanzas, convertir nuestra vida tornándola a Aquel que nos
vivifica y que nos hace la propuesta de la Salvación cotidiana en la escucha orante de su
Palabra invitándonos a revisar nuestra vida y ser rostros iluminados por la Palabra,
testigos de la Esperanza.-