Violencia y armas químicas
P. Fernando Pascual
8-6-2013
Matar con un cuchillo, con una piedra, con una bala o con gases químicos no es indiferente. Por eso
causa inquietud entre la gente, los gobiernos y los organismos internacionales el que se usen ciertas
armas en los conflictos.
Sin embargo, discutir sobre qué armas serían “legítimas” y qué armas serían inaceptables es olvidar
el centro de la cuestión: ¿por qué hay personas que matan? ¿De dónde vienen los conflictos?
Ciertamente, no es lo mismo matar a balazos que matar con armas químicas. Pero condenar a unos
porque usan armas químicas y no condenar a otros porque matan a balazos en guerras injustas y
abusivas resulta extraño.
Además, a veces un “arma tradicional” puede provocar tanto daño o más que un arma más
sofisticada. A nadie le gustaría morir a cuchilladas, por muy “tradicional” que sea un cuchillo, como
a nadie le gustaría morir bajo el efecto de un gas asfixiante recién inventado.
El problema de las muertes violentas está, precisamente, en los motivos que llevan a unos hombres
a matarse entre sí. Mientras haya injusticias y odios, mientras la prepotencia domine los corazones,
es inútil condenar a unos o a otros por las armas que usan, cuando lo más urgente es condenar a
quienes usan cualquier tipo de violencia para imponerse injustamente sobre otros, muchas veces
inocentes que nada tienen que ver con los males que se producen en una determinada zona
geográfica.
Además, existe todavía un tráfico muy lucrativo de armas “autorizadas” ante la indiferencia de
quienes luego condenan las armas químicas. Esas armas “clásicas” no se venden como juguetes.
Muchas veces llegan a manos de grupos o de gobiernos deseosos de matar a enemigos reales o
imaginarios, de promover más injusticia y sangre en un mundo ya de por sí lleno de sufrimientos.
Condenemos, sí, el uso de armas químicas, pero también condenemos el tráfico de armas
convencionales que son usadas en guerras endémicas. Sobre todo, condenemos actitudes de odio y
de avaricia que provocan tanta violencia sobre inocentes y miles de muertos cada año. Sólo así
trabajaremos por un mundo un poco más pacífico, más justo y más humano.