Dime que te cuento y te diré que aprendes
En María de Altagracia vida y fortaleza.
Muchos, demasiados han querido llegar hasta el final y no lo han
podido lograr. Por eso, a la hora de buscar la fortaleza para tener un final
bendecido por Dios, la Virgen María la obsequia porque la tiene y la supo dar
a conocer.
Todos debemos y jamás olvidar que todas las gracias que nos vienen
de Dios pasan por las manos de María. Hay que pedirlas todos los días y sin
cansarse. Pues sin la fortaleza seremos destruidos e incluso, arrebatados a
la perdición y a la esclavitud.
La fortaleza es necesaria para no tener miedo, incluso para quitar el
miedo a la muerte. Se recibe el día de nuestro bautismo y es acompañante a
la hora de hacer el bien. Por tanto, nos hace fuertes ante el mal, pero
también engrandece nuestros corazones para que busquemos el bien y lo
vivamos. Esa fortaleza bien la define y la acentúa San Pablo (Romanos 8,31)
“Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?” Entonces si estamos
unidos a Cristo con la vida de gracia y en oración, habrá seguridad, ya que
con Cristo todo lo podremos.
En María una fortaleza de mujer única y exclusiva. La Virgen María, es
hoy por hoy, modelo de fortaleza, desde aquel momento que viendo a su hijo
en la cruz permaneció fiel. Estaba fortalecida ya que tenía su confianza en
Dios. Nada le quitó la esperanza. Nada ni siquiera la flagelación, al corona de
espinas, la cruz acuestas… Ella que quedó a su lado, sin una pizca de duda,
pues había entendido que esa era la voluntad de Dios.
Su fortaleza se alimentaba con su oración sincera, constante y
confiada. Eso le dio valor y desde ahí comprendió que podía llegar hasta el
final si se mantenía muy unida a Dios. Es por eso, que a nosotros, nos
corresponde imitar ese gran ejemplo de madre y excelente cristiana.
Nosotros, al conocer a María, sentimos la fuerza de su ejemplo y
delante del sufrimiento en la muerte de un ser querido obtenemos una
fortaleza especial. Con capacidad de guardar silencio y tratar, que con el
tiempo, encontrar respuestas. Esto muy unido a la oración delante del
Sagrario, la lectura orante de la Biblia. Es María que nos lleva a Jesucristo
resucitado que habita en nuestras vidas.
Vamos, entonces, al encuentro con María, Madre y Modelo, Consuelo
de todos los creyentes. Porque nuestra Señora de Altagracia. La más alta. La
más llena de gracia, que lleva en sus manos al Niño Jesús, nos interpela a
renovar nuestra fe. Ella quiere conducirnos y nos toca a nosotros recorrer en
la fe, que hay que cuidar y alimentar, para que en tantas dificultades
entendamos la gracia del amor de Dios. Hoy más que nunca nos recuerda lo
ofrecido por su Hijo Jesucristo: “vengan a mí todo los que están cansados y
agobiados, que yo los aliviaré” (Mateo 11,28)
Entonces pidamos con fe y en manos del Defensor y Consolador,
Espíritu Santo, dejemos toda la esperanza, de la cual se alimentó la Virgen
para darnos el mejor regalo de la salvación: Cristo Jesús
Virgen de Altagracia, cuya presencia es tan especial para Dios
porque estás llena de su gracia.
Intercede por nosotros.
mrivassnchez@gmail.cm
@padrerivas