La alegría de un bebé sano y la muerte...
Es, posiblemente, uno de los temas en los que más cuesta convencer a la
sociedad de la violación bioética que se esconde tras los llamados bebés
medicamento o los bebés libres de enfermedades congénitas. ¿Quién no se
alegra por el nacimiento de un bebé sano? ¿Quién no se entristece al saber
que un bebé está enfermo?
En este contexto, Profesionales por la Ética han anunciado que el desarrollo
científico ha permitido que una mujer diera a luz a un bebé libre del "síndrome
del niño burbuja", enfermedad que ella portaba. Pero tras esa aparente buena
noticia, indican, se esconden numerosos interrogantes éticos.
Es sencillo, "el diagnóstico genético preimplantatorio implica la eliminación
directa de decenas de embriones humanos producidos mediante Fecundación
in Vitro que no cumplen con el estándar de calidad deseado. Estamos por
tanto ante un caso de eugenesia (aplicación de las leyes biológicas de la
herencia al perfeccionamiento de la especie humana). Es llamativo que la
institución en la que ha llevado a cabo el proceso no indique cuántos
embriones han generado y destruido para dar lugar al embrión ‘sano’”.
Claro que alegra el nacimiento de un bebé sano y claro que entristece que
haya bebés enfermos. Claro que es difícil aceptar el dolor y el sufrimiento.
Pero detrás de estos argumentos plagados de emotivismo se esconde una
realidad mucho más cruda. Tan cruda que a veces las palabras no alcanzan a
darle comprensión.
Jesús Domingo Martínez