Señor danos sacerdotes
El Papa Emérito Benedicto XVI nos dejó una hermosa reflexión para la
Jornada de oración por las Vocaciones sacerdotales, que se centra en: “Las
Vocaciones signo de esperanza fundada en la fe”
Todos estamos llamados por Dios, es decir, que en cada uno hay una
vocación y es general al invitarnos a realizarnos en esa esperanza muy
sentida en la fuerza del Espíritu Santo que no es otra cosa que el amor de
Dios en cada uno. Ese amor, abrazo de Dios, camina senderos muy
hermosos para hacerse realidad en aquellos que se cruzan en su camino.
Hay que buscar ese amor y hacerlo vida en cada uno. Lo contrario sería puro
sentimentalismo y tontería. Mamá decía: el que quiere besar busca la boca.
El Papa Emérito insiste y hace una pregunta a los jóvenes: ¿Qué sería
la vida sin el amor de Dios? Claro sin olvidar nunca que Dios nos cuida a
todos. Que nunca nos va a abandonar. Por eso murió en la cruz y venciendo
esa muerte nos brinda la mayor esperanza. Entonces Dios está presente.
Dios vive entre nosotros. Se hace vivir de cada día y desea que en esa
comunidad de hermanos lo encontremos para hacerlo Iglesia de fe,
esperanza y caridad.
Dentro de esa comunidad les hace, a los jóvenes, de forma especial,
una real y hermosa invitación: Ven y sígueme” Para escuchar y saber
discernir esta invitación hay que renunciar a muchas cosas y sin caprichos
abrirnos a esa voz que nos llama. Renunciar significa no apartarse como un
desolado amargado y triste que huye de la realidad. Nada de eso. Renunciar
es saber decir no a lo que nos aparta del verdadero amor de Dios. Es unirse
a Jesús en confianza plena para servirle y amarle por siempre.
Para que haya vocaciones sacerdotales tiene que haber
convicción
que se hace oración, es decir, encuentro con Dios Padre que llama y
sostiene. Es una oración que más que palabras, es saber oírlo para
comprender y amar esa invitación. Además, tiene que haber
decisión
que
implica fuerza en la respuesta. También tener una
vida sacramental
. Sin la
ayuda de Dios nada podremos. Hay que limpiar (Confesión) alimentar
(Eucaristía) Sin dejar a un lado la lectura diaria y meditada de la
Palabra de
Dios
, sin ella nunca lograremos conocer el amor de Dios en cada uno. Nunca
prescindir de la vida de los santos y ese testimonio personal de cada uno
que animaría a los escogidos para el servicio de Dios.
Claro, no es solamente una llamada que se escucha a lo lejos y
emboba a muchos. No y no. Las vocaciones deben ser sostenidas y
animadas por toda la comunidad. Orar es la clave y al hacerlo estamos
invitando a Dios que lo haga, incluso en nuestros propios hogares. Pues una
vocación sacerdotal es un privilegio que distingue y bendice a los hogares.
"La oración constante y profunda hace crecer la fe de la comunidad
cristiana, en la certeza siempre renovada de que Dios nunca abandona a su
pueblo y lo sostiene suscitando vocaciones especiales, al sacerdocio y a la
vida consagrada, para que sean signos de esperanza para el mundo”
No olvidar que es muy significativo el testimonio de vida de cada
sacerdote. Su ejemplo estimularía a muchos jóvenes a abrazar el sacerdocio
como misión y respuesta a Dios que sabe escoger a hombre entre los
hombres para llevar a todos a Dios. Ese ejemplo debe estar centrado en el
amor al Evangelio de pobreza, obediencia y un servicio alegre, que se
convierte en gozo de resurrección. "Por tanto, ellos, con el testimonio de su
fe y con su fervor apostólico, pueden transmitir, en particular a las nuevas
generaciones, el vivo deseo de responder generosamente y sin demora a
Cristo que llama a seguirlo más de cerca”
Cuando una comunidad parroquial tiene vocaciones (Seminarios) está
diciendo que ha madurado en la fe y sabe ofrecer sus hijos al servicio de
Dios en cada uno de las Iglesias particulares. Esa comunidad ha
comprendido, muy seriamente, que son necesarios obreros para la viña del
Señor y así prolongar en el tiempo la predicación del Evangelio, la
celebración de la Eucaristía y para el sacramento de la Reconciliación.
Que todos, pero todos en general, comprendamos que hacen falta
muchos sacerdotes. Que hay que suscitar vocaciones desde la propia
familia. Que tenemos la responsabilidad de orar por el fomento y desarrollo
de las vocaciones en cada comunidad. Que los sacerdotes, en cada
comunidad, sean el fermento que despierte y haga crecer el deseo de
servirle a Dios en el ministerio sacerdotal.
Señor danos sacerdotes santos y alegres.
Amén.
mrivassnchez@gmail.cm
@padrerivas