DIOS MÍO DÓNDE ESTÁS
Por Claudio de Castro
“Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”
(Mt 27,46; Mc 15,34)
Está en la Cruz
, con dolores atroces, cargando sobre sus hombros tus malas
miradas, tus deseos impuros, cada vez que has hecho daño al prójimo, las veces
que te negaste a perdonar, aquella vez que robaste.
Parece abandonado pero no lo está. Ora. Reza el salmo 22 que refleja el
sufrimiento que tendría lugar aquél día y que al final es un canto de Esperanza.
Sabe que orar es permanecer en la dulce presencia de Dios. Y nos enseña que a
pesar del sufrimiento debemos
perseverar en la oración
.
Una vez leí que para “para la mentalidad judía citar el comienzo de un salmo
equivale a citar el salmo entero”.
Cuando vayas a tu casa toma tu Biblia y acompaña a Jesús rezando este
salmo.
Dios nunca nos abandona. A pesar de lo que a veces escuchamos. Es imposible
que esto ocurra. “En Él vivimos, nos movemos y existimos”.
Dios nunca te abandona. Somos nosotros los que le damos la espalda.
Hace algún tiempo, pasando graves dificultades me acerqué al Sagrario. Estaba
muy preocupado. Fui a ver a Jesús y exclamé: “Ayúdame”.
Al segundo escuche como un eco mis palabras: “Ayúdame”.
Me sorprendí. De pronto sentí una mano que se posaba sobre mi hombro. Volví a
escuchar mis palabras: “Ayúdame”. Miré hacia atrás y vi a un hombre tullido que
caminaba con dificultad y me miraba con desesperación.
Volví a ver a Jesús en aquél Sagrario y susurré sonriendo: “Te la sabes entera.
Contigo no se puede”.
Me di cuenta que aquél hombre estaba en peores condiciones y que Jesús, en ese
momento, me pedía ser sus manos, sus pies, su voz, su corazón. Y que debía amar
a aquél enfermo, ayudarlo. Acogerlo.
Hoy que veo a Jesús en la cruz me arrepiento de todo lo malo que he hecho. Sufrió
por mí. Y por ti. Lo miro a los ojos y le digo con ternura:
“Tu trabajo Jesús es perdonarnos. El nuestro, amarte”.