Un buen comienzo
Sin duda, comenzar un pontificado con la oración por bandera, como ha hecho
Francisco I, es un buen síntoma. Ante la ingente tarea que se le presenta, anclarse
en Dios y en la Virgen, a la que ha aludido con mucho cariño, se antoja necesario y
positivo. Esas conspiraciones políticas de las que se acusa a Roma quedarán atrás
si el Papa capitanea una vuelta a la espiritualidad más real. San Francisco de Asís,
por quien ha elegido nombre pontifical, y San Francisco Javier, cofundador de la
orden jesuita a la que pertenece, son dos buenos maestros. ¡Ojalá! llegue a su
altura, millones de católicos así lo imploramos y oramos ya por ello.
Jesús Domingo Martínez