Dime que te cuento y te diré que aprendes
Padre Marcelo Rivas Sánchez
www.diosbendice.org
Tema cuaresmal 4: Debo decidir. Ora siempre
¡Debo hacerlo ya!
Hoy es el día que Dios nos da para tomar decisiones, de hecho, cada día es
un día de decisiones, cada día tenemos que escoger algo, desde qué ropa ponernos
hasta qué camino tomar en nuestro trabajo, estudios, relaciones amorosas o
familiares, en fin, decisiones.
Entre las muchas decisiones que hemos tomado a lo largo de nuestra vida,
existen algunas que sólo han llegado hasta el plano mental, es decir, pensamos en
realizar algo, pero en realidad, aun no hemos dado los pasos necesarios para su
concreción ¿Qué es lo que aun te impide realizar lo que te habías propuesto?
Veamos, intentemos enumerar las posibles decisiones que dijimos tomar
pero aun no hemos llevado a buen término:
Orar por las mañanas y por las noches
Ir más veces que sólo los domingos a Misa
Ir al médico
Visitar a un pariente que hace tiempo no veo
Salir con un amigo a tomar un café
Arreglar el guardarropas
Hacer ejercicios
Rezar el Rosario
Confesarme
Cuidar mi forma de comer
En fin son, o pueden ser, tantas cosas. Hoy te exhorto a que hagas lo que debes
hacer, y sentirás la alegría del deber cumplido, o de la decisión tomada y realizada.
Si no tomas una decisión, Dios no tiene algo que bendecir, pero si la tomas, pues
puedes presentársela a Dios. Rehuir del trabajo sólo te lo hará más pesado,
recuerda la Palabra: “Que el fruto de los esfuerzos nobles es glorioso” (Sabiduría 3,
15). Tu decisión, acarreará bellos frutos, manos a la obra, haz lo que debas hacer,
¡decídete! No le des poder a nada sobre tu decisión, sólo haz lo que debas hacer.
Dios te bendice.
¿Cuál es el perfil del hombre de oración?
" La vida del hombre sobre la tierra es una batalla" (cf. Job 7, 1) Todos lo
experimentamos, todo supone esfuerzo: el sustento económico, la armonía en la
vida familiar y matrimonial, conservar la salud, la evangelización, la formación
académica, la vida de oración....
Y en esta batalla de la vida hay éxitos y fracasos, avances y retrocesos,
gloria y ruina. Todos tenemos crisis en la vida y hay tiempos en que lo construido
con tanto esfuerzo se convierte en escombros.
Es muy duro y penoso encontrase a veces ante los propios escombros. Pero
estos deben servirnos para volver a construir y edificar con ellos cimientos más
fuertes. El hombre sensato construye su casa sobre roca, sobre cimientos sólidos y
profundos (cf Mt 7,24)
La oración se funda sobre la fe, se alimenta con la Eucaristía, se autentifica
por la caridad.
En la vida cristiana esto significa ser hombre de oración. Una oración que se
funda sobre la fe, se alimenta con la Eucaristía y se autentifica por la caridad. (cf
Catecismo n. 2624) El punto de referencia lo tenemos en los primeros cristianos,
que "acudían asiduamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, a la
fracción del pan y a las oraciones" (Hch 2,42).
Una de las grandes lecciones que Dios me ha enseñado en estos últimos
años en que pasan por especial dificultad la congregación religiosa y el movimiento
de apostolado a los que pertenezco (Legión de Cristo y Regnum Christi), es que
debo ser hombre de oración. Si queremos escuchar la voz del Espíritu Santo y
descubrir Su voluntad, debemos ser más contemplativos. Si queremos construir la
casa sobre roca firme, debemos orar más y orar mejor.
La oración se funda sobre la fe:
Tratamos con Dios porque creemos en Él y en lo que Él nos ha dicho.
Sabemos quién es, cómo es y qué nos enseña, porque Él mismo nos lo ha revelado.
Y es a partir de esa experiencia, de esa fuerza interior y de ese conocimiento que
desarrollamos nuestra amistad con Cristo. En la oración no gustamos
imaginaciones ni alucinaciones, sino certezas de fe: las certezas de fe que nos
ofrece la Palabra de Dios y que la Iglesia nos propone.
Cito varios párrafos del catecismo de la Iglesia católica que me ayudan mucho y
que te propongo meditar delante de Dios.
- 2732. La tentación más frecuente, la más oculta, es nuestra falta de fe. En
cualquier caso, la falta de fe revela que no se ha alcanzado todavía la disposición
propia de un corazón humilde: "Sin mí, no podéis hacer nada" (Jn 15,5).
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