Nuestra Iglesia
Por: Claudio de Castro
Vaya que se ha puesto de moda nuestra Iglesia, con la renuncia del Papa. Algunos
escriben maravillas y otros, pues dicen lo que opinan. La verdad es que estar
dentro de ella me permite tener una mejor perspectiva.
Nos dicen que es una iglesia de pecadores. Es verdad. Me he dado cuenta de que
los santos de nuestra Iglesia están en el cielo. Y tiene sentido. Puede que haya
algunos santos anónimos de los que poco escuchamos, porque viven sin hacer
tanto ruido, llevan una vida intensa y son felices. Sus vidas transcurren en la
continua presencia de Dios. Pero apenas los conocemos. Y unos pocos irradian la
santidad, la gracia de Dios en sus vidas, como la madre Teresa de Calcuta. El resto,
aunque pecadores, somos santos... “en camino”. Un amigo me dijo recientemente:
“Estamos en la iglesia para hacernos santos, porque no lo somos”.
El hecho es que estoy en una iglesia de pecadores. Y qué maravilla, porque nos
invita a ser buenos y luego, amando un poquito más, a ser santos. Nos da la
posibilidad de mejorar nuestra vida y enriquecerla con los sacramentos.
¿El camino? Ya lo conocemos. Es Jesús. Hace poco me encontré con un amigo en
una iglesia. Me sorprendió porque mirando a su alrededor comentó: “Hace mucho
que no vengo, pero aquí se respira una gran paz”.
“Es por esa paz que yo vengo”, le respondí. “Es la paz que te da la presencia
amorosa de Dios. Los que la experimentan no suelen olvidarla”.
¿Qué nos pide Dios? Algo muy sencillo, al alcance de todos: amar, consolar, tener
caridad,
tratarnos como hermanos.
La verdad es que me siento muy a gusto en mi Iglesia. Sé hacia dónde voy y
conozco el camino.
Se habla de la renuncia del Papa, del rayo que golpeó el Vaticano, del meteorito de
Rusia... Y, ¿qué puede ocurrir con tantos signos? Pues nada.
Tenemos la certeza de que todo saldrá bien. La virgen en Fátima fue contundente
cuando le prometió a los pastorcitos:
“Al final triunfará mi corazón inmaculado y la
humanidad disfrutará de una era de paz”.
Estos son buenos tiempos para confiar en Dios y seguir adelante, tratando de
mejorar y vivir el evangelio. Son tiempos de santidad.