Hermanos de Jesús y verdad del Evangelio
P. Fernando Pascual
2-2-2013
El tema de los hermanos de Jesús se convierte en una fuente de polémicas continuas. No solo entre
católicos y protestantes. También algunos autores hostiles al cristianismo desempolvan un
argumento sobre el que se ha discutido durante siglos.
¿El motivo? Se piensa que al citar los pasajes del Evangelio donde se mencionan a los “hermanos
de Jesús” se comprobaría que María, la Madre de Jesús, habría tenido más hijos, y así no habría
sido Virgen tras el parto.
Entre los textos que se usan para este tema, recordamos uno donde aparecen varios nombres: “¿No
es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y
Judas? Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?”
( Mt 13,55-56).
Un punto que suele ser centro de atención en los debates se refiere a la palabra griega que es
traducida como “hermanos”. Sobre el mismo algunos ya han dado explicaciones bastante
exhaustivas. Estas líneas, sin embargo, quieren focalizar la atención en otro aspecto: la
consideración del pasaje antes citado (y otros con ideas parecidas) como una fuente histórica válida.
En otras palabras, quienes citan pasajes del Evangelio (o de otros libros del Nuevo Testamento)
para indicar que María tuvo otros hijos suponen la verdad de tales pasajes.
Surge aquí la pregunta: si el Evangelio es creíble cuando habla de los “hermanos de Jesús”, ¿no
sería creíble cuando presenta la Anunciación a María, cuando habla de los milagros de Cristo,
cuando testimonia su Resurrección?
Curiosamente, algunos enemigos del cristianismo que citan estos pasajes y los consideran como
fuentes válidas para sostener sus ideas, encontrarían serías dificultades para aceptar otros pasajes
que hablan de acontecimientos que consideran como falsos, porque probarían lo que no quieren que
sea probado.
Este modo de proceder es claramente injusto y arbitrario. Si creemos a san Mateo cuando habla de
un tema, también hemos de creerle cuando presenta otros temas. Al revés, uno que no crea en la
Resurrección por considerar engañoso el relato evangélico no tendría “derecho” a citar otra parte
del Evangelio para negar la virginidad de la Madre de Jesús.
Alguno dirá que en el Evangelio habría partes verdaderas y partes falsas. ¿Según qué criterios
distinguir unas y otras? Es fácil intuir el peligro de caer en posiciones arbitrarias y subjetivas: lo que
sirve para probar algo sería visto como verdadero, mientras que lo que probaría algo no deseado
sería declarado como falso. Pero ese modo de proceder va contra la honestidad histórica y supone
vivir de prejuicios.
Una reflexión seria sobre el tema de los “hermanos de Jesús” no puede llevarse a cabo, por lo tanto,
sin dilucidar antes sobre el valor que tenga el Evangelio a la hora de hablarnos de Cristo. Lo cual
implica introducirnos en el horizonte de un asunto sumamente complejo y que dejamos aquí como
pregunta: ¿cómo podemos conocer que la historia de Jesús narrada por los evangelistas corresponde
a lo que ocurrió en el siglo I de nuestra era?