En el “A￱o de la Fe”
La familia: lugar para hablar de Dios
Pbro. José Martínez Colín
1) Para saber
Respecto al “A￱o de la Fe”, el Papa Benedicto XVI se
cuestionaba recientemente: ¿cómo hablar de Dios en nuestro
tiempo? ¿Cómo comunicar el Evangelio, para abrir caminos a su
verdad salvífica en los corazones, a menudo cerrados?”
El mismo Papa respondía que podemos hablar de Dios porque
Dios habla con nosotros. La primera condición será escuchar la
palabra de Dios, tanto en la Sagrada Escritura como en nuestra
oración, pues Dios habla y se preocupa por nosotros.
En Jesús, encontramos el rostro de Dios, que ha bajado de su
Cielo, para enseñarnos el "arte de vivir", el camino hacia la felicidad
viviendo plenamente como hijos de Dios.
Podemos tomar como ejemplo a san Pablo, que no habla de
una filosofía que él desarrolló, ni habla de ideas que inventó, sino
que habla del Dios que ha entrado en su vida, de un Dios real que
vive y ha hablado con él.
2) Para pensar
Así, para hablar de Dios, hemos de empezar por hablar
primero nosotros con Él. Un escritor, Emilio Rojas, nos pone el
ejemplo de la importancia de empezar por uno mismo.
Un niño dejó sus juegos para dirigirse a su padre y
preguntarle: “¿Por qué a mi amigo Jaime siempre lo reprende su
papá y tú conmigo no haces lo mismo?”
El padre respondi￳: “Porque la disciplina se impone a quien no
cumple con su deber”.
El niño volvió a preguntar: “Pero... ¿no crees que después de
tanto tiempo, Jaime ya debería ser como su padre quiere?”
“Hijo -respondió el padre-, si quien imparte disciplina no es a
la vez disciplinado, no puede ser obedecido, a menos que lo haga
por la fuerza, pero entonces, lo que va sembrando es rebeldía”.
3) Para vivir
En nuestro tiempo, dice el Papa, un lugar especial para hablar
de Dios es la familia, que es la primera escuela para comunicar la
fe. El Concilio Vaticano II habla de los padres como los primeros
mensajeros de Dios, llamados a redescubrir su misión, asumiéndose
la responsabilidad en la educación, en abrir la conciencia de los
pequeños al amor de Dios como un servicio esencial para sus vidas,
siendo los primeros catequistas y maestros de la fe para sus hijos.
En esta tarea es importante saber aprovechar las
oportunidades para introducir en la familia la fe y hacer madurar
una reflexión crítica respecto a las muchas influencias a las que
están sometidos los hijos. Esta atención de los padres es también
sensibilidad en el reconocimiento de las posibles preguntas
religiosas que se hacen mentalmente los niños. A veces basta un
programa de televisión, un comercial o anuncio por la calle para
formarles un criterio verdadero. Así, se ayudará a todos los
miembros de la familia a comprender que la fe no es una carga,
sino una fuente de alegría profunda, pues nos señala el camino a la
felicidad, respondiendo a cualquier circunstancia.
Esa fe se ha de comunicar con la alegría, que no oculta la
realidad del dolor o del sufrimiento, sino que sabe ofrecer criterios
para interpretarlos desde la perspectiva de la esperanza cristiana.
Así, la familia debe ser un ámbito donde se aprende a estar
juntos, para conciliar los conflictos en el diálogo mutuo , que se
sabe escuchar, entenderse y amarse, para ser signo del amor
misericordioso de Dios.
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