Dime que te cuento y te diré que aprendes
Padre Marcelo Rivas Sánchez
www.diosbendice.org
Ante la partida y la llega de un año.
Cada vez que se va un año y llega otro hay alegría, pero también
preocupación. Alegría por todo lo que trae diciembre con sus luces, dulces,
colores, reunión familiar, celebraciones… Preocupación ante la
incertidumbre por la situación difícil por la cual marchan las cosas en este
país. Enfrentamientos, rumores inconstitucionales, injusticias, aumento de la
gasolina, devaluación, carestía de la vida, pocos productos para la dieta
diaria…
Claro se nos olvida que somos hijos de Dios y de ahí que
aprovechemos para vivir sin Dios y caemos en una trampa diabólica
anunciada que bien lo encontramos en Isaías 59,9-13 “Estamos esperando la
luz, y no hay más que tinieblas. Caminamos como ciegos, agarrados a la
pared, para no caernos. Tropezamos al mediodía como en las sombras del
anochecer. Vamos andando como muertos en medio de los vivos.
Lanzamos aullidos como los osos, y gemimos como palomas... Todo, porque
hemos renegado del Señor y ya no seguimos a nuestro Dios”
Es una trampa que nos encandila, nos atrae y nos amarra. Y lo hace de
tal manera, que nos esclaviza a todos, sin ninguna excepción. El diablo anda
como león rugiente buscando a quien devorar” (1 Pedro 5,8) Pareciera,
entonces, que son muchos los que prefieren vivir así.
Hay una gran lucha entre el trigo que quiere producir fruto y la cizaña que
quiere tragarse todo para que el trigo no crezca. Por eso hay tanta maldad,
violencia, corrupción, prostitución, enfermedades, miseria. El fruto de la maldad ya
creció y maduró. Ese crecer y madurar nosotros lo alimentamos con nuestras
frivolidades, indiferencias, ese arrinconamiento a Dios, que aunque no le
neguemos, lo dejamos a un lado como lindo e inútil jarrón chino.
Para este Año, 2012, que se va debe haber una seria reflexión acerca de la
responsabilidad frente a los deberes familiares. Da pena ajena observar como
familias enteras se han ido por el fregadero de la discordia: herencias, politiquerías,
chismes, enfrentamientos… Todo por haber abandonado aquello que aprendimos
de nuestros padres. Hemos dejado a un lado el perdón, las visitas del domingo, a la
casa paterna y materna, la solidaridad frente al enfermo o al más lejano… Bueno, ya
ni siquiera se va a las misas de los difuntos padres.
Para este Nuevo Año, 2013, debíamos sentir y repetir siempre: ¡Somos
Hijos de Dios! Esto implica humildad para aceptar que estamos en las manos de
Dios. Que Dios está al frente de la vida y que en sus mandamientos está nuestra
vida espiritual y comunitaria. Decir que soy hijo de Dios, equivale a ser buena
semilla. NO somos cizaña, mucho menos invento fracasado dentro de un destino de
la mala suerte. Nada de eso. Dios nos quiere transformar y para ello hay que
convertirnos. Es decir, volver para decirle a Dios: Queremos ser lo que quiera Dios.
De ahí la pregunta: ¿Qué puedo hacer para vivir bien la voluntad de Dios?
Esta pregunta va muy relacionada con el querer de Dios para cada uno de nosotros.
No podemos perder tiempo en desánimos, quedarnos en las debilidades. Todo lo
contrario, debemos vivir el presente en la presencia de Dios.
Se es necesario hacer oración. No es rezar repitiendo palabras. No. Es dejar
que Dios nos hable para ello confianza en Dios y hay que hacer oración siempre. Si
lo hacemos nacerá en nosotros la humildad. En segundo lugar, Comulgar. La
Eucaristía sana, aleja y restablece. Es el mejor remedio, que tenemos que tomar
constantemente hasta sanarnos totalmente . Principalmente cuando nuestra lucha
es contra un determinado pecado que no podamos vencer. Sólo así, seremos
vencedores en esta lucha. Si recibimos frecuentemente el Cuerpo del Señor
la sanación y la liberación se darán.
No estoy diciendo que tienes que comulgar estando en pecado. Nada de eso,
pues ería peor el remedio que la enfermedad. Aquí hay que unir Eucaristía,
Comunión con Sacramento de la Reconciliación o Penitencia. A los dos
sacramentos hay que buscarlos constantemente cuantas veces sean necesarias.
Mucho cuidado con aquello: ya me da vergüenza contar el mismo pecado. Uno
utiliza el medicamento, incluso por vida, para mantener la salud. Pues así en la
confesión se lucha contra ese pecado hasta que se le domina. Confesamos cuantas
veces sean necesarias y comulgar siempre que podamos , porque la sanación del
pecado es más difícil que la sanación de las enfermedades físicas.
Señor Dios, gracias por el Año que se va. Perdón por el bien que no hicimos
y mal que no evitamos. Para el Nuevo Año, más que pedirte, te ofrecemos vivir
como verdaderos hijos y para ello, necesitamos tu gracia y misericordia. Deja que
María, Seora de la paz nos acompañe y alumbre el camino con el amigo de siempre
el Ángel de la Guarda.
mrivassnchez@gmail.cm @padrerivas