Movilización general a favor de la vida
P. Fernando Pascual
1-12-2012
La vida no existe en el aire. La vida es algo que pertenece a cada viviente. Trabajar por la vida,
entonces, es ayudar a cada hombre, a cada mujer, que de algún modo ven amenazadas su salud o su
misma existencia.
Las amenazas contra la vida son numerosas. Violencia e injusticias provocan cada año millones de
muertes. Enfermedades y accidentes de trabajo o de otro tipo provocan en miles de personas días o
meses de sufrimiento e incluso la muerte. El aborto cercena cada día la existencia de miles de
víctimas anónimas en una estadística interminable (y nunca del todo conocida).
Frente a tantos peligros, el “pueblo de la vida”, como lo llamara el beato Juan Pablo II, se
compromete seriamente para una movilización general a favor del débil, del anciano, del enfermo,
del hambriento, del hijo antes de nacer.
Es cierto que nuestras acciones pueden parecer insignificantes. Sin embargo, frente a los millones
de dólares o de euros que disponen las industrias de la muerte (clínicas abortistas, fábricas de armas,
empresas orientadas a la explotación de los pobres), es posible dar pequeños pasos, construir diques
contra el mal, tender la mano a personas concretas que recibirán no sólo una ayuda sino, sobre todo,
cariño y justicia.
La invitación a una movilización general a favor de la vida, lanzada por Juan Pablo II en su
encíclica “Evangelium vitae”, vale hoy como vale siempre. En todas las épocas ha habido peligros y
amenazas. Pero quizá hoy, frente al poder de armas cada vez más sofisticadas, frente a la perversión
de cientos de médicos que sirven a la muerte en vez de ayudar a la vida, hace falta unir fuerzas.
Entonces será posible que hombres y mujeres de buena voluntad, creyentes de distintas religiones o
incluso buscadores que no han encontrado todavía a Dios, pondrán un dique a las fuerzas del mal.
Con su compromiso, humilde pero decidido, ayudarán a quienes, pequeños, débiles o enfermos,
esperan encontrar manos amigas con las que poder sobrevivir en un mundo en el que nadie sobra y
en el que todos podemos colaborar en la búsqueda del bien, de la verdad y de la justicia.