La fe en la nueva vida
La historia del huevo vacío
Pbro. José Martínez Colín
Jimmy nació enfermo. Tenía deformaciones corporales y una mente
lenta. A la edad de 12 años estaba todavía en segundo de primaria. Su
maestra, la señorita Doris, a menudo se desesperaba e irritaba con él, pues
Jimmy no siempre podía hablar con claridad.
Un día la maestra llamó a sus padres. El matrimonio llegó puntual y Doris
les dijo: "Lo que necesita Jimmy es una escuela especial. No es bueno para él
estar con niños menores". La mamá de Jimmy sacó un pañuelo y lloró
quedamente, mientras su marido hablaba: "Pero señorita, no hay escuelas de
ese tipo en las cercanías. Sería terrible para Jimmy sacarlo de esta escuela.
Sabemos que le gusta estar aquí". Una vez sola, Doris pasó largo rato
meditando. No desaparecía la frialdad de su alma. Quería aceptarlo, pues el
niño tenía una enfermedad terminal, pero no le parecía justo. Jimmy era una
distracción para los demás. Además, él nunca aprendería a leer y escribir, ¿para
qué perder tiempo intentándolo? Mientras ponderaba la situación, un
sentimiento de culpabilidad se apoderó de ella. "Estoy protestando, cuando mis
problemas no son nada comparados con esa pobre familia", pensó. "Por favor,
Señor, ayúdame a ser más paciente con Jimmy".
Desde ese día, intentó ignorar los ruidos de Jimmy. Un día, Jimmy se
dirigió hasta su mesa, arrastrando tras de sí su pierna mala: "Te quiero mucho,
Señorita Doris", exclamó. Los demás estudiantes soltaron risitas y Doris
enrojeció. Balbuceó: "Eso es muy bonito Jimmy. Ahora vuelve a tu sitio, por
favor".
Llegó la pascua y Doris les contó la historia de Jesús. Para enfatizar la
idea del nacimiento a una nueva vida, dio a cada uno de los niños un gran
huevo de plástico: "Quiero que lo traigan mañana con algo dentro que
signifique una nueva vida". La profesora se preguntaba si Jimmy habría
entendido lo que ella había explicado sobre la muerte y resurrección de Jesús.
A la mañana siguiente, los 19 niños dejaron los huevos en la gran cesta
sobre el escritorio. La maestra comenzó a abrirlos. En el primer huevo, Doris
encontró una flor. "Sí. Una flor es ciertamente un signo de nueva vida"; era el
de Juanito. El siguiente contenía una mariposa de plástico: "Todos sabemos
que una oruga cambia y se transforma en una bonita mariposa. Sí, también es
nueva vida". La pequeña Danny sonrió orgullosa.
En el siguiente, Doris encontró una roca con musgo. Explicó que ese
musgo también significaba vida. Era el de Peter. Entonces Doris abrió el cuarto
huevo y se sorprendió: estaba vacío. ¡Era el de Jimmy!, seguro que no entendió
sus instrucciones... Para no hacerle pasar un mal rato, lo apartó. Pero Jimmy le
preguntó: "¿No va a hablar del mío?". Doris replicó confusa: "Pero Jimmy… está
vacío". Él la miró y dijo suavemente explicando: "Sí, y la tumba de Jesús
también estaba vacía". Doris enmudeció. Al recuperarse le preguntó: "¿Y sabes
por qué estaba vacía la tumba?". "Oh, sí. A Jesús lo mataron y lo pusieron
dentro. Entonces su Padre lo elevó hacia Él". En eso la campana del recreo
sonó y mientras los niños corrían hacia el patio, Doris lloró. La frialdad de su
interior se derritió por completo. Tres meses más tarde, Jimmy murió. Aquellos
que fueron a velarlo, se sorprendieron al ver 19 huevos sobre la tapa de su
ataúd. Todos ellos vacíos.
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