Una fe que vacila
P. Fernando Pascual
27-10-2012
A veces, Señor, mi fe vacila. Dudo desde mi debilidad. Dudo al tocar la fuerza del mal en el mundo.
Dudo ante tu misterioso silencio. Dudo tras los escándalos. Dudo porque yo mismo, tantas veces, he
pecado.
Por eso te pido que aumentes mi fe. No puedo avanzar si las tinieblas me rodean. No puedo vivir si
me falta la fuerza de tu gracia. No puedo amar si el egoísmo me domina.
Necesito, por eso, la fuerza de tu fe. Esa fe que alimenta la vida de la Iglesia durante siglos. Esa fe
sencilla de los niños. Esa fe luminosa de los ancianos. Esa fe humilde de quienes una y otra vez
caen y se levantan. Esa fe alegre de los santos.
Te pido, Señor, que mantengas viva y encendida la llama de la fe en mi vida. Soplan muchos
vientos que quieren apagarla. Hay mucho materialismo que la sofoca. Hay mucho deseo de placer
que la destruye. Hay mucha soberbia que la ridiculiza.
Necesito empezar a creer como un niño que se pone en brazos de su madre. Necesito creer como los
gigantes del pasado y del presente. Necesito creer como ese amigo que afronta sus penas con la
mirada puesta en un Crucifijo.
Señor, mi fe vacila; pero en Ti encontrará, nuevamente, fuerzas. Te pido fe sólo para este día. Que
al menos hoy, Señor, sea un auténtico creyente, un católico que acepta, medita y ama tu Palabra.