Una fe en camino
P. Fernando Pascual
20-10-2012
La fe surge desde un encuentro. Jesús llegó a mi vida a través de muchas maneras. Luego, su
presencia se hizo más concreta, más viva, más cercana.
La fe, que arranca desde Dios, me invita a avanzar. A veces por un desierto, como el pueblo de
Israel durante 40 años. Otras veces, en una tierra que mana leche y miel. Otras veces, con la alegría
de una victoria. Otras veces, desde la pena de una caída.
La vida avanza. La meta es luminosa si tenemos una fe real y activa. Dios nos espera en el cielo y
nos ofrece el camino para llegar a la cita eterna: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va
al Padre sino por mí” ( Jn 14,6).
¿Tengo un deseo auténtico de ese encuentro? ¿Recorro el camino desde la luz de la fe? ¿Me
alimento del pan de los fuertes, de la Eucaristía? ¿Busca la ayuda del Médico para curar mis
pecados y para volver al buen sendero, desde una confesión sincera y bien preparada?
Hoy necesito, nuevamente, un poco de ayuda. Quizá, simplemente, para poder dar el siguiente paso
en mi fe mientras sigo de camino.
Como el cardenal Newman, pido luz sólo para este momento, ante esta encrucijada, para que la fe
me guíe hacia la meta.
“Condúceme, Luz Amable, a través de la envolvente penumbra.
¡Llévame Tú hacia delante!
La noche es oscura, y estoy lejos de mi hogar.
¡Llévame Tú hacia delante!
Guía mis pasos; no pido ver
el lejano paisaje, un solo paso me basta.
No siempre ha sido así, ni he rogado que Tú
me llevases hacia delante.
Me gustaba elegir y ver mi camino, pero ahora
¡llévame Tú hacia delante!”