Las heridas abiertas de Rwanda
La celebración del día mundial de las misiones, en este Año de la Fe,
es un buen momento para agradecer el sentido evangelizador de los
misioneros. Afrontan muchas situaciones dramáticas de pobreza,
enfermedad, guerras... basta pensar en los campos de refugiados de
Somalia y Eritrea, que no tienen para comer por las sequías. Incluso en
países como Rwanda donde no hay más que alargar la mano para tomar un
fruto, hay este problema porque no hay previsión y cuando no llueve, la
temporada seca que comienza en junio impide cosechar por la sequía y hay
hambre. Dios da en abundancia. Pero las personas no somos capaces de
prever, y de enseñar a cultivar de modo más productivo. Aún así, en
muchos de estos sitios, hay generosidad, compartir con el que no tiene, y
por tanto más alegría. Menos riqueza, pero viven más contentos…
Precisamente en Rwanda, el pequeño país "de las mil colinas", se
escribió una de las páginas más trágicas de la historia del mundo… a los
casi 20 años, sigue la herida abierta, por tanto dolor... he visto regresar de
Ruanda a sacerdotes, enfermos de depresión, alguno ha vuelto como un
zombi, su cabeza estaba llena de la visión de cuerpos mutilados por el
machete. Aún en medio de ese infierno de hutus contra tutsis, contaban: -
“Nosotros no sabemos distinguirnos entre hutus y tutsis, es algo social más
que una etnia. En un seminario les pidieron que se separaran, y no lo
hicieron: los mataron a todos. Prefirieron morir juntos que renegar de su fe
católica, denunciando a sus hermanos para la muerte”.
África, belleza e inocencia de una tierra exuberante, llena de vida,
que no tiene miedo a la muerte, espera a Europa, el toro que hizo daño a la
suavidad y maravilla expuesta al sol, y pienso que tenemos la
responsabilidad de arreglarlo. En primer lugar, rezando, pensando en
ayudar a cientos de miles de niños huérfanos, con una parte de nuestro
dinero, que viven en circunstancias extremas, colaborar con curar las
heridas de mujeres sistemáticamente violadas y usadas como arma de
guerra, también con graves secuelas psicológicas, cuando no murieron
víctimas del SIDA y de diversas enfermedades venéreas. Son gente alegre,
pero que saben callarse, saben que es mejor para ellos no quejarse. siguen
ahí viviendo, esperando la reconciliación, esperando que se cierre el
círculo, ese círculo de la vida.
Recuerdo a misioneros de Vic, que volvieron también heridos,
deprimidos con la sensación de que no podían aguantar tanto dolor, de que
pueblos evangelizados, cristianos, se han despertado a algo que ellos no
podían prever, algo contario al Evangelio, aparentemente un fracaso de
tantos años de misión, parecía un comenzar de nuevo. Precisamente en Vic
hay una relación de ayuda a Ruanda muy intensa. Un sacerdote de Rwanda
me contaba allí, que estaba haciendo la tesis doctoral precisamente sobre la
reconciliación, ese volver a comenzar... y es que la vida continúa y para eso
es necesario el perdón... purificarse con esos demonios que han provocado
tanto sufrimiento... y para ello cuenta con nuestra ayuda...
Llucià Pou Sabaté