La fe en mi vida ordinaria
P. Fernando Pascual
9-10-2012
Desde que Jesús vino al mundo lo ordinario ha dejarlo de serlo. Entre las tinieblas del mundo,
empezó a brillar una luz nueva, también para el hogar, la oficina, el campo y la fábrica.
Por eso, el creyente afronta la vida ordinaria de modo especial. Ve las cosas y las situaciones con fe,
porque aprende a valorarlo todo desde la perspectiva de Dios.
Mis éxitos o mis fracasos, mis penas o mis alegrías, mis encuentros o mis despedidas: cada hecho es
diferente si la fe me introduce en el horizonte de Dios, si leo lo que ocurre con la llave de lectura del
Evangelio, si miro con los ojos del Maestro.
El día ordinario, entonces, adquiere un color distinto. No cambian los problemas, ni el dolor deja de
morder mi carne. Pero sé que hay un Dios que hace llover sobre todos (buenos y malos), que da de
comer a las aves del cielo, que se preocupa de cada uno de sus hijos.
También se preocupa de mí. Hoy me pide, solamente, un gesto sencillo de apertura, un acto de
confianza, una palabra de fe.
Este día, en medio de mis actividades ordinarias, creo, Señor.