Dime que te cuento y te diré que aprendes
Padre Marcelo Rivas Sánchez
Elegir es una cuestión de conciencia en la fe.
Es verdad, y esto lo escuché de mi papá, que la mayoría de la gente vota por
quien considera que le pueda mejorar sus ingresos económicos, y no se fija tanto
en otros valores. Considerando esto y al observar como compran los votos con
dinero y ofrecimientos hay necesidad de reflexionar.
Hay que conocer la forma de ser y de pensar de los diversos aspirantes, de
ahí la importancia de sus programas de gobierno, que en definitiva, serán
importantísimos para nuestros hijos y los hijos de ellos. Por ello un mitin o un
encuentro con los electores no son para echar chistes o enloquecerlos con música
estridente que no les ayude a pensar. Todo lo contrario, esos actos son para tomar
contacto con la población y darles a conocer sus planes de servicios.
Otra cosa, que si es importante, es que muchos no toman en cuenta la
religión del candidato, su estabilidad matrimonial, su actitud ante el aborto o la
familia, qué piensa de la libertad religiosa, ni cuál podría ser su relación con las
iglesias; lo que más les importa es lo material, su conveniencia personal. Pareciera
que la fe de la mayoría de los votantes no tuviera nada que ver al decidir su voto.
Sin embargo, sí hay personas maduras y conscientes, que analizan cuáles
candidatos piensan y viven conforme a la propia fe, y este juicio les ilumina al votar.
Antes, y de esto hay muchas crítica, se votaba por votar y no se elegía.
Ahora se busca elegir con conciencia y claridad. Por eso hay que analizar todos las
causas: económicas, sociales, políticas, educativas, laborales, culturales, etc., pero
también los de índole moral y religiosa; que tomen en cuenta si un candidato tiene
criterios y actitudes acordes con la propia fe. En Venezuela la mayoría es católica y
esto nos ayude a elegir con conciencia.
Creo que es necesario incluir la fe, ya que si su fe no es criterio para votar,
es una fe trunca, mocha, incompleta, no madura, espiritualista, alocada e incluso
perdida en las telarañas de la confusión. Pues, sin hacer mucho ejercicio, en estos
momentos, vivimos una separación entre vida y fe. No decimos cristianos y vivimos
todo lo contrario. Entonces hay que educar para avanzar y saber que no solamente
una moral individual, sino una colectiva que nos incluye a todos.
No nos podemos dar el lujo de sacar a Dios, pues al hacerlo dejamos entrar
otras cosas que serán ganancias para el diablo. Sacando a Dios permitimos que el
odio, la división y el enfrentamiento crezcan produciendo maltratos que difícilmente
olvidaremos. Dios nos ha creado en amor para vivir en amor.
Nadie puede decir que es independiente y a la vez indiferente. Para mí eso es
pecado y una falta de participación en lo que sucede en nuestro entorno. Claro es
muy fácil encogerse de hombros y afirmar que ese no es mi problema. Todos
somos Iglesia y ese pertenecer nos invita a tomar partido. No a responder a
politiquerías que manchan y ensucian una seria elección. Estamos llamados a
participar en primera persona en la transformación del mundo según Cristo,
viviendo nuestra identidad cristiana en medio del mundo.
El proceso electoral “Definitorio” del 7 de octubre es el momento adecuado
para hacer que nuestra fe se vuelva inteligencia de la realidad, es decir, que la fe
nos ayude a descubrir cómo debemos ejercer nuestro derecho al voto. Hay que ser
auténticos y hacerlo con conciencia, con fe y sobre todo con la seguridad que Dios
nos encamina. Es decir, vamos de la mano con Dios. Esa mano que nos conduce
nos informa de una ética ecuánime, razonable y educada. De ahí que en esa mano
hay señales muy claras: se elige para la vida no para un momento; lo malo se
aparta y ese mal se vence con el bien.
Hay que elegir con seriedad dentro de una valoración que no permite
negociación. O malo es malo y el bien siempre estará por encima de todo. Entonces
se elije lo mejor con toda libertad y que no contradiga nuestros convencimientos
morales y religiosos. En cada elección se debe considerar, siempre, pero siempre,
el bien común. Lo que ayuda a la mayoría, no lo que complace a un grupito. Elegir a
un candidato que atente contra la ética cristiana es un pecado y un abrir atajo a la
barbarie.
Elegir personas que respeten la dignidad de la vida humana desde la
fecundación y hasta la muerte natural. Elegir personas que respeten el matrimonio
entre varón y mujer abiertos a la transmisión de la vida. Elegir a quien respete el
valor familiar donde los hijos sean protegidos. Hay que buscar, siempre, honestidad
en los futuros gobernantes donde lo prometido es deuda y se debe cumplir.
Esa fe debe ir con nosotros a las urnas electorales. No dejarla en la casa.
Jamás desentendernos de ella para dar paso a politiquerías que ensucien nuestras
vidas. Los católicos, sin miedo, debemos apoyar con nuestra elección a quien, de
verdad, se lo merezca. No tanto por su popularidad o simpatía, sino por ese bien
que tanto necesita nuestra patria.
La política es importante e incluso necesaria para conducir a las
comunidades. Pero ella no puede ser la tabla de la salvación, quien salva es Dios y
por eso, debemos hacer de nuestra elección un momento de fe esto incluye mucho
discernimiento, que no otra cosa que elegir a conciencia.
Invito a los sacerdotes en las distintas parroquias a brindar el apoyo
espiritual a los que van a trabajar en las mesas. Para ello les sugiero una misa de
amanecer, 5:30 a.m. para ofrecerle a Dios el ejercicio libre y democrático de un país
que decide con libertad en la verdad y el bien posible.
@padrerivas
A todos con profundo respeto les hago una invitación a elegir.