Para no naufragar entre noticias vanas
P. Fernando Pascual
25-8-2012
Las noticias llegan, las noticias van. Unas desmienten a otras. Las hay que nos apartan de
argumentos que nos apasionaban para arrastrarnos hacia nuevos asuntos no menos interesantes.
Mientras las noticias fluyen, la vida sigue su marcha inexorable. Unos nacen, otros mueren. Los
“informantes” no recogen esos dos hechos fundamentales de millones de existencias humanas: el
inicio de la vida, la llegada de la muerte.
En un mundo saturado de informaciones, podemos naufragar ante tantas noticias que corren de un
lado hacia otro. Si eso ocurre, perdemos el sentido de lo esencial y vagamos al son de lo que otros
(agencias, periodistas, bloggers) declaran como importante, como novedoso, como digno de
atención.
La verdad, sin embargo, queda muchas veces escondida ante los ojos de los “productores” de
información. Porque muchos hechos decisivos no son conocidos, o porque la mirada se dirige de
modo obsesivo hacia escándalos y pseudonoticias que se venden con facilidad entre corazones
hambrientos de lo fácil, de lo curioso, del morbo y de chismes sobre políticos o sobre personajes del
mundo del espectáculo o del deporte.
Para no naufragar entre noticias vanas, hace falta tener un corazón grande y una mente despierta.
¿Cómo es posible lograrlo? En primer lugar, con una sana dieta: los ojos empiezan a ver lo
importante y verdadero cuando dejan de alimentarse con fuegos artificiales que aturden, por muy
atrayentes que estos sean.
Después de un buen ayuno de informaciones indigestas, es posible abrir el apetito hacia lo
importante: la justicia, la belleza, la espiritualidad, el amor. Sólo si buscamos con interés aquello
que decide el destino eterno de cada existencia humana seremos capaces de descubrir horizontes de
noticias que alimentan sanamente la mente y el corazón del peregrino.
Será posible, entonces, descubrir que la noticia más importante es la de cada encuentro de un
hombre o de una mujer con Jesucristo, un Galileo que marcó profundamente la existencia humana.
Sólo en Él encontramos el sentido pleno de la vida. Sólo con Él damos respuestas válidas a las
preguntas decisivas sobre el mundo y la vida. Sólo hacia Él se orientan las pisadas de quien desea
llegar a la meta eterna del cielo.
No podemos seguir con vidas naufragadas. En el horizonte brilla una estrella que viene de Dios y
nos conduce hacia Él. Esa es la noticia que da sentido a la propia vida y que permite leer, de modo
adecuado, el continuo flujo de acontecimientos grandes o pequeños que marcan día a día la aventura
humana.