Ser una persona auténtica
La defensa de la Verdad
Pbro. José Martínez Colín
1) Para saber
El pasado miércoles 29 de agosto, siendo la memoria litúrgica
del martirio de San Juan Bautista, el Papa afirmaba que este santo
testificó con su sangre su fidelidad a la verdad. San Juan, al ver el
desorden y el escándalo que producía la unión ilegítima del rey
Herodes, se ve en la necesidad de señalárselo. Eso provoca que la
mujer de Herodes le pida al rey que sea decapitado el Bautista.
San Juan no calló la verdad, y por eso murió por Cristo, quien
es la Verdad. Justamente, por el amor a la verdad, no tiene temor a
dirigir palabras fuertes a aquellos que habían perdido el camino de
Dios.
2) Para pensar
En la antigüedad, en Siracusa, gobernaba el tirano Dionisio I
en el siglo IV a.C. Se dice que se creía un excelente poeta, aunque
la realidad era otra. Sin embargo nadie se atrevía a decírselo.
En cierta ocasión quiso leer sus versos a un auténtico poeta
llamado Filoxeno, quien no reparó en decirle la verdad sobre la poca
calidad de su producción literaria. No le gustó al tirano la crítica que
hizo el poeta. Y como no aceptaba críticas, ni que nadie se le
opusiera, cosa muy propia de un tirano, lo hizo encarcelar sin más
explicaciones.
Pasaron unos días y compuso otros versos el tirano. Tenía
muchas ganas de conocer la opinión del poeta, así que mandó a los
guardias que lo trajeran. Lo hizo sentar a su mesa y, una vez
estando enfrente, le leyó sus rimas. Atento esperaba la aprobación
del poeta. Sin embargo, Filoxeno se dirigió a los guardias que lo
habían acompañado y les dijo: “Me tendrán que devolver otra vez a
la prisión”.
3) Para vivir
Cuando una persona es veraz, se esfuerza en ser coherente,
aleja de toda falsedad y doblez, entonces podemos decir que es una
persona auténtica. Y no solo por hablar con la verdad, sino también
por acogerla benignamente.
El Papa Benedicto XVI invitaba a que el martirio de san Juan
Bautista sea un ejemplo también para nosotros, y no ceder a
componendas con el amor a Cristo, a su Palabra, a la Verdad: “La
Verdad es Verdad, no hay componendas. La vida cristiana requiere,
por así decirlo, el "martirio" de la fidelidad diaria al Evangelio, el
valor para dejar que Cristo crezca en nosotros y sea Cristo quien
dirija nuestro pensamiento y nuestras acciones”.
Indicaba el Papa que la fuerza para afrontar las consecuencias
de la verdad, al igual que San Juan Bautista, la hemos de encontrar
en nuestra relación con Dios, en la oración. Por ello, la oración
nunca es una pérdida de tiempo, no es robar espacio a las
actividades, incluidas las apostólicas, sino es exactamente lo
contrario: solo si somos capaces de tener una vida de oración fiel,
constante, segura, Dios mismo nos dará la fuerza y la capacidad de
vivir de un modo feliz y sereno, superar las dificultades y
testimoniarlo con valor.
Para terminar, podemos recordar las palabras de San
Josemaría que nos invitan a esa congruencia: “No tengas miedo a la
verdad, aunque la verdad te acarree la muerte” (Camino, n. 34).
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