Dime que te cuento y te diré que aprendes
Padre Marcelo Rivas Sánchez
Nació de San Joaquín y Santa Ana
para abrigar en su seno al Salvador.
Santísima Virgen del Valle
Oh Virgen del Valle Patrona de oriente en donde me halle te tengo
presente, dice el coro de un canto popular que muchos compositores
dedican para agradecer a la Virgen del Valle. Y es aquí, frente al Golfo de
Cariaco, San Antonio del Golfo que rendimos oración a Dios, fuente de amor
y bondad, para que podamos seguir mirando al horizonte para descubrir a
los lejos las ricas bendiciones de la Virgen del Valle.
Hace un año nos visitó la réplica de la imagen de la Virgen del Valle
que está en Margarita y ocasionó, en cada uno de nosotros, destellos de
grandeza y de gratitud. Pues en Ella encontramos a una Madre que nos
regala el amor salvador de Cristo Jesús. Una madre que nos hace mirar a la
mamá que nos trajo al mundo y con su sudor nos muestra su amor de 24
horas. También a nuestras hermanas fundamento de la familia y compañeras
del camino; nuestras abuelas fortaleza y decisiones de amor en los
momentos más difíciles y las esposas lugar del amor enamorado de quien
les abraza y les cuida: papá.
¿Qué será lo que quiere la Santísima Virgen para este año?
Más que darnos una bendición, en ella una fuerza que nos comunica el
salir al encuentro de las necesidades del hombre para acompañarle en sus
alegrías y sufrimientos. Por eso es mediadora no como una persona extraña,
sino en su papel de madre, consciente de que como tal puede, mas bien
"tiene el derecho de", hacer presente al Hijo las necesidades de los
hombres. Los problemas de uno son problemas de todos. Aquí nadie se
puede aislar, mucho menos esconderse. María nos ordena ayudar. Que es
igual decir, haz el bien y no mires a quien. Entonces, solidaridad más que
abrazar por cumplimiento; animar más que lamentar; empujar más que poner
obstáculos… eso lo quiere María y nadie puede negarse.
Ella el año pasado no fue una estela en el mar. Ella es llena de gracia,
porque en la Encarnación nos regaló lo esperado y necesario: Cristo Jesús.
Pasar de largo es no dejarnos nada. Ninguna tarea y ella quiere que nos
acerquemos a su hijo, si no lo hacemos su venida se pierde en el tiempo.
Acercarnos a Jesucristo significa buscar los sacramentos, especialmente el
de la Eucaristía, Confesión y la del Sacramento del Matrimonio. Esos
sacramentos, al igual que los otros cuatro, son signos para devolvernos o
mantenernos la gracia. Esa gracia que hizo que María pudiera responderle,
aceptarlo y progresar espiritualmente. Si María no nos lleva a Dios de nada
nos sirve, pues es Dios está la salvación.
Pasó, se quedó y exige. Con Ella, en el Salmo 97 leemos “Cantemos un
cantico nuevo, porque ha hecho maravillas. Maravilloso es estar aquí todos
juntos, sin diferencias, sin enfrentamientos, sin planes adversos o segundas
intenciones. Somos más que un pueblo, somos una familia unida en torno a
una fe que nos señala María la Virgen. Maravilloso es estar aquí con
esperanza de amigos y hermanos que comparten el pan, se tienden la mano
y saben de perdón y alegría. Maravilloso e inolvidable es este momento, que
quedará grabado en el corazón de los más pequeños como testimonio de un
amor que tiene regreso cuando juntemos las manos y recemos el ave maría.
Maravilloso porque sabemos, para no olvidar, que existimos en una
comunidad donde todos somos necesarios e importantes. Nadie sobra,
todos somos útiles.
En María, la Virgen a pesar de nuestros pecados e indiferencia seguirá
amándonos. Que esto no sirva de simple consuelo para los que se niegan a
volver, sino de una gran verdad. En ella estarán abiertas todas las puertas de
su amor y bondad. Nadie ya se sentirá lejos, pues la lejanía se acorta con la
decisión de amar a Dios sobre todas las cosas; con la gracia de volver a la
familia para amarla sin mirar el pasado; con la fuerza de perdonar, incluso al
enemigo cercano; con la alegría de marchar tras el familiar que hace tiempo
no le hablo o le visito; con el empuje de sanar heridas y calmar situaciones
difíciles dentro de un mundo chismoso y mal agradecido.
Cada 8 de septiembre es un volver a comenzar. Ella como madre parió
primero en su corazón y luego desde el vientre. Esa es la fe de quien espera
de todo en Dios y confía plenamente en él. Por eso, vale la pena decirle, para
que nunca se nos olvide: Madre santísima, aquí estamos todos, sin ninguna
distinción. Siempre iguales, siempre hermanos. Más nunca desunidos. En ti
Señora de gracia y amor colocamos todas nuestras esperanzas,
encendemos una nueva luz y en empezamos a caminar los senderos de una
nueva fe. Ojalá, por siempre, mantengamos el recuerdo esta hermosa
celebración. Madre nuestra y madre de Jesucristo haz que reavivemos
nuestra fe y salgamos al encuentro de tu hijo, que vive y reina por los siglos
de los siglos. Amén.
Con María hasta el final de día.
Gracias madre de todos, virgen del Valle,
Viva la Virgen del Valle.