“La falta de amor es la peor pobreza”
Ante los grandes sufrimientos que la pobreza material y espiritual provocan en el
mundo, el Papa reflexionó sobre el hecho de que, debido al desarrollo de los medios
de comunicación, de alguna manera el mundo se ha vuelto más pequeño, por lo
que tenemos la capacidad de conocer casi de inmediato los acontecimientos que se
desarrollan en el mundo entero, así como las necesidades de los pueblos y de las
personas. Y esta capacidad se vuelve al mismo tiempo un apremiante llamamiento
que nos debe impulsar a estar más cercanos, en las alegrías y en las dificultades.
Los desplazamientos hacia las ciudades, los conflictos armados, el hambre y las
pandemias aumentan de forma dramática la pobreza, que asume también formas
nuevas, señaló el Santo Padre, añadiendo luego que la crisis económica mundial
está causando cada vez más una difusa precariedad en las familias. Al tiempo que
la creación y multiplicación de necesidades lleva a un consumismo sin límites, va
creciendo también un sentido de frustración y de soledad, debida a la exclusión,
recordó Benedicto XVI, poniendo en guardia contra las asechanzas de estas
realidades y dirigiendo una exhortación a los responsables de los estados: “Cuando
la miseria coexiste con la gran riqueza, nace una sensación de injusticia que puede
ser fuente de revueltas. Por lo tanto, es necesario que los Estados velen para que
las leyes sociales no aumenten las desigualdades y permitan que cada persona viva
decentemente”.
Jesús Domingo Martínez