Dime que te cuento y te diré que aprendes
Padre Marcelo Rivas Sánchez
Frente a la enfermedad. ¿Qué hacer?
Cuando mis Padres enfermaron, de verdad, no sabía qué hacer e incluso se
me vino inmediatamente la idea de la muerte. Perdonen, pero no estaba
preparado e incluso me venció la desesperanza. Y eso, que mi madre enfermó
primero y luego mi padre.
Hoy, en recuerdo de ellos que ya están en la presencia de Dios, quisiera
compartir con ustedes algo que fui descubriendo poco a poco y que ahora es tema
de mis predicaciones en la experiencia de ir de menos a más. Para empezar
deseo leer al Salmo 122 “Nuestros ojos están el Señor, esperando su
misericordia” Salmo que nos invita a estar despiertos delante del amor del Señor
pase lo que pase.
Además, hacer ruido con la 2 Carta de San Pablo a los Corintios 12,7-10
donde se nos llama a reconocer que “nos basta la gracia de Dios y que la fuerza
se realiza en la debilidad… Por eso vivo contento en medio de mis debilidades…
Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” Realidad que la comprobé en la
enfermedad y muerte de mis padres. De seguro, una falta de fe, una falta de
esperanza y un mal concepto de ese conocer a Dios.
1.
Debí haber alimentado mi fe hacia la vida en Dios.
Hay que
tener una fe sincera. Dios nunca abandona, siempre cumple sus promesas.
Yo olvidé aquellas palabras tan hermosas:
“
Vengan a mí los que están
cansados y agobiados que yo les aliviaré» (Mt 11,28) y además, escondí un
ofrecimiento de Dios que ahora nunca olvido “Pidan y Dios les dará...» (Mt 7,7)
Ante esas dudas, propias de el desespero, no encontraba nada en Dios y por
consiguiente dejé a un lado el amor de Dios y no entendí el momento.
2.
Cómo no confiaba en Dios actuaba el pecado.
El propio pecado
me alejaba de la esperanza y me hacía revolcar en la amargura,
desconfianza y tristeza. Por eso no comprendía la debilidad del cuerpo, la
presencia de células cancerosas y ese poco a poco en que se va a
agotando las fuerzas. De ahí deducía que yo, tenía que salir de la
oscuridad, es decir, volver a Dios y así pude confesarme y hacer que mis
padres también. Cuando lo hicimos nos pusimos en profunda paz con Dios
y que todo lo que se nos venía encima.
3.
Fuimos, entonces, dejando que Jesucristo actuara.
Había que
dejar que Jesús Misericordia, eterno y todopoderoso avanzara. A tal punto
que entrara en nuestros corazones y se realizara su voluntad. A medida
que nos entregamos a Jesucristo fuimos siendo sanados y una alegría
entró en el corazón. Recuerdo que leíamos Apocalipsis 3,20 Así entró
Jesús en nuestros corazones.
4.
Fue brotando dulzura de nuestra interioridad y sentimos esa
sanación tan esperada.
Entró porque la pedimos de corazón. Uno vive
como una película de todo lo malo que le ha pasado y en ese momento de
dolor y sufrimiento como fantasmas aparecen y hay que quitarlas de
inmediato. Es Jesús quien las sana y para ello hay que pedir con fe e
insistencia. (Lucas 11,5-10) Aquí hubo algo muy especial la presencia de la
Virgen María. Desojamos muchos avemaría e infinidad de rosarios.
Lo que me había pasado les puede estar sucediendo a ustedes en este
momento. Por eso es importante saber que todo tiene su tiempo. Hay que saber
esperar. Yo pensaba que Dios se había olvidado de mí, de mi familia, de mis
padres. E incluso llegué a pensar que me había castigado.
Entré en oración. Claro esto no eliminó el tratamiento médico, todo lo contrario,
lo fuimos comprendiendo más y más. Algo triste sucedió, que una de mis
hermanas, en la desesperación, visitó un curioso, un brujo para pedirle ayuda. Yo,
con cariño le expliqué que eso era retar a Dios y brindarle al momento difícil una
gran desconfianza a Dios y una fe derrumbada. La oración nos hizo devolvernos y
recordamos que en Dos nunca seremos defraudados (Salmo 145)
Te invito a confiar en Dios en este momento de enfermedad de uno de tus
familiares. Llama a un sacerdote para que converse con el enfermo, le confiese, le
ponga la unción de los enfermos y, de una vez, aprovecha, para que también
hagas una buena confesión, pues en este sacramento encontrarás sanación y
mucha fortaleza. Y si puedes, ve a misa siempre y recibe la Sagrada Comunión.
Te dejo esta oración:
Señor Jesús, dador de todo bien. Te doy gracias por la vida. Te pido que
entrés en mi vida y sanes lo que no es de tu amor. Permite que entienda este
momento de sufrimiento y sepa ofrecértelo por… que se encuentra delicado de
salud y si en tu voluntad está sanarlo que así sea en tu amor infinito que nunca
nos abandona. Amén.
Dios le brinde a Rosario Josefina, Murita, la paz y la luz.