Dime que te cuento y te diré que aprendes
Padre Marcelo Rivas Sánchez
Con Dios y San Antonio de Padua nos levantamos
No es secreto es una verdad: “quien obedece no se equivoca” Y eso es lo
que los sacerdotes, a la hora del fiel cumplimiento de su misión hacen, para ir
contentos al mandato en la mano del Señor Obispo.
No es una obediencia ciega, sino que es observar a Dios en cada
compromiso. Hoy, después de haber celebrado las fiestas de San Antonio de
Padua (13 junio) y haber leído, detenidamente a Sabiduría 1,13… se puede
comprender que Dios es quien actúa y señala los caminos. Por cierto un camino
de vida, de augurios y de esa compañía que nunca abandona. Todo porque Dios
levanta con amor.
Por eso, al escribir estas líneas, me preparo con la gente de la parroquia a
la celebración de nuestras fiestas patronales donde es my agradable y placentero
vivir unidos como hermanos, premisa mayor que nos hace avanzar en la
búsqueda a los más lejanos. Es Dios, en San Antonio, que nos reúne para vivir
con armonía por ser llamados a la fraternidad.
Nos levantamos, en medio de una crisis de enfrentamiento – desprecio por
tontas líneas partidistas que se han enquistado en cada uno llevando a la distancia
entre familiares, vecinos, compañeros de trabajo… Por eso nos levantamos
gracias a la obra que realiza el Padre en el Cuerpo de su Hijo por el poder del
Espíritu Santo.
Desde la fraternidad compartimos los sentimientos de Jesús pobre, humilde
y obediente. Por eso en cada Eucaristía (misa) aprendemos a celebrar y vivir el
regalo de la fraternidad.
En esta Iglesia, San Antonio de Padua, somos responsables los unos de los
otros. Entonces, la vida fraterna es fuente de alegría y de dinamismo. De ahí que
seguir a Jesús, es siempre vivir solidario con los hermanos.
Celebrar las Fiestas patronales es comprometerse a ser misioneros para
salir en busca de la oveja perdida. Que no es otra cosa, que vivir al servicio del
amor y de la vida. Nuestro patrono se encuentra con trabajadores de la salud, de
la educación, de la artesanía, del campo y con estudiantes.
Esta experiencia nos debe llevar a abrazar a los más pobres para que en
nosotros conozcan el amor de Dios. También, es una fiesta de la evangelización,
pues vamos hacia los más lejanos. Es muy importante que despertemos para que
más que el ruido y la farra pongamos atención a la escucha de Dios, que en San
Antonio de Padua, se hizo compasivo y fuerza de salvación en el amor.
Desde nuestras fiestas patronales levantamos mirada, vuelo y echamos a
andar la conquista por el otro para que nos encontremos. De ahí que ensalzamos
al Señor, porque nos ha liberado (Salmo 29) y nos ha quitado el egoísmo que nos
distanciaba y no nos permitía volver a la fraternidad. Un acercamiento que se hace
necesario para adelantar y progresar.
Interesante que podamos, en este momento, reflexionar, para tener
exactitud de lo que queremos recoger, en San Pablo a los Corintios 8,7.9.13-15
donde podemos leer: “Hermanos: Ya que sobresalen en todo: en la fe, en la
palabra, en el conocimiento, en el empeño y en el cariño que son tan distinguidos
también ahora por su generosidad…” Palabras muy oportunas para que haya
igualdad y pueda aparecer la unidad en la fraternidad que tanto nos hace falta.
Es el mismo Jesús que delante de aquella niña que estaba en my malas
condiciones, con autoridad ante las escandalosas lágrimas sin esperanza les dice:
“la niña no está muerta, está dormida" Claro todos se burlaban y Jesús vuelve a
decir tomando a la niña por la mano: “Talitha qumi" (que significa: "Contigo hablo,
niña, levántate"). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía
doce años…” (Marcos 5,21-43)
Es pues el tiempo de levantar y echar andar la vida cristiana en la unidad y
la fraternidad. De seguro, San Antonio de Padua estará dispuesto a pedírselo a
Dios para el bien de todos.
@padrerivas