Tiempo de despedidas
P. Fernando Pascual
12-6-2012
Queda atrás, casi lejano, el primer día de clases. Encuentros, saludos, presentaciones, programas,
libros.
Los profesores veían caras nuevas. Los alumnos medían a quienes iban a enseñarles y calculaban
cómo afrontar cada materia, mientras saludaban a algunos recién llegados.
Los días pasaban. Llegó el final de un semestre, los primeros exámenes. Para algunos, la sorpresa
de un suspenso no esperado. Para otros, la alegría de una nota excelente.
Mientras, los profesores actualizaban sus programas. Un nuevo semestre, nuevas materias, nuevos
retos. El tiempo iba siempre hacia adelante.
Por fin llega el último día de clases. El año ha corrido veloz. Casi se toca con la mano y el corazón
el primer día, las primeras dudas, los saludos de bienvenida.
Los exámenes finales se acercan veloces. Mientras, llega el momento de las despedidas.
Un profesor joven agradece la atención de sus alumnos. Un profesor maduro da recomendaciones
para los exámenes y para el próximo curso. Un profesor anciano mira con cariño a quienes ve casi
más como hijos que como alumnos y les pide que sean prudentes, que cuiden su salud y sus
principios buenos, que no se dejen engañar por los aplausos, que distingan entre la paja y el trigo.
Llega el momento de las despedidas. Pronto los jóvenes archivarán o quemarán apuntes y libros
viejos. Quizá recuerden con más cariño algunas clases y con más tedio otras. Alguno se preguntará
con curiosidad qué hacen durante el verano esos profesores que con mayor o menor acierto
intentaron transmitir conocimientos humanos.
Mientras, un profesor pasa a limpio las evaluaciones finales. Lee uno a uno cada nombre. Recuerda
las caras de sus alumnos, las preguntas que hacían en el aula, las consultas en el despacho. Levanta
la mirada y dirige a Dios una oración por aquellos jóvenes que caminan, en un mundo lleno de
promesas y de insidias, con un corazón ilusionado y con la necesidad de manos amigas que les
indiquen el sentido profundo y completo del mundo y de la vida: el encuentro definitivo (sin
despedidas) que inicia tras la muerte en el cielo...