El inventor del ajedrez
Un misterio inefable
Pbro. José Martínez Colín
1) Para saber
El domingo después de Pentecostés la Iglesia celebra la
solemnidad de la Santísima Trinidad. El Papa Benedicto XVI
consideraba que Dios ha querido darnos a conocer su intimidad
misma, y así descubrimos que Él es comunión de luz y de amor, no
es soledad, sino vida dada y recibida en un diálogo eterno entre el
Padre y el Hijo en el Espíritu Santo. Como dice san Agustín, Dios es
Amante, Amado y Amor.
El Papa nos invita encontrarnos con Cristo para acoger en
nuestra alma la misma comunión trinitaria, según la promesa de
Jesús a los discípulos: “Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi
Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos morada en él” (Jn 14,
23). Un gran misterio pero no menos real.
2) Para pensar
Se cuenta que cuando un matemático oriental inventó el
admirable juego de ajedrez, quiso el monarca de Persia premiar al
inventor. El rey, que ostentaba ser muy rico, ofreció concederle el
premio que solicitara.
El matemático se “contentó” con pedirle 1 grano de trigo por
la primera casilla del tablero de ajedrez, 2 por la segunda, 4 por la
tercera y así sucesivamente, siempre doblando, hasta la última de
las 64 casillas.
El soberano persa se indignó de una petición que le parecía no
hacía honor a su riqueza. Le pregunt: “¿No quieres nada más?”.
“Con eso me bastará…”, le respondió sonriendo el matemático.
El rey dio la orden a su gran visir de que, inmediatamente,
quedaran satisfechos los deseos del sabio. ¡Pero cuál no sería el
asombro del visir, después de hacer el cálculo, que era imposible
dar cumplimiento a la orden! Para darle al inventor la cantidad que
pedía, no había trigo bastante en los reales graneros, ni en los de
toda Persia, ¡ni en los de todo el mundo!
El rey tuvo que confesar al sabio que no podía cumplirle su
promesa, por no ser bastante rico. El sabio lo sabía, solo quiso dar
una lección a la soberbia del soberano.
En efecto, el resultado de doblar la cantidad durante 64 veces,
da una cantidad de más de 18 trillones, es decir, un número con
veinte cifras. Haciendo el cálculo aproximado, se necesitaría que
toda la superficie de la Tierra, incluyendo los mares, produjera trigo
durante ocho años. Con la cantidad de trigo reclamada, podría
hacerse una pirámide de 9 millas de altura. Para comprar esa
cantidad de trigo, si la hubiera, no habría dinero bastante en este
mundo.
Hay cosas que parecen sencillas, pero que en el fondo son
profundas. Las cosas del Espíritu son profundas y sólo Dios las
conoce, por eso se les llama Misterios. La Santísima Trinidad es un
gran misterio, pero aunque nuestra mente no lo entienda,
conocemos su existencia porque Dios mismo nos lo dijo.
3) Para vivir
Hablando de este misterio, el Papa invitaba a considerar una
semejanza que nos puede ayudar a vislumbrarlo. Se le podría
comparar a lo que es una familia, la cual está llamada a ser una
comunidad de amor y de vida entre personas, en la que la
diversidad debe contribuir a formar una “parábola de comunin”.
Esa comunión se da primordialmente en Dios, pues siendo distintas
personas forman un solo Dios: Son Personas que están unidas por
el Amor.
San Josemaría Escrivá nos recuerda: “Dios está contigo. En tu
alma en gracia habita la Trinidad Beatísima. –Por eso, tú, a pesar de
tus miserias, puedes y debes estar en continua conversación con el
Seor” (Forja 261).
(e-mail: articulosdog@gmail.com )