Dime que te cuento y te diré que aprendes
Padre Marcelo Rivas Sánchez
www.diosbendice.org
Entró humilde montado en un borrico.
Y salió lleno del Espíritu Santo.
Entra y quédate en nuestros corazones
Este domingo celebraremos un domingo muy diferente. Tan diferente que
entrará humilde y saldrá lleno del gozo del Espíritu Santo. Dios nunca
abandona. Jamás deja a nadie embarcado. Siempre está ahí, aunque creamos
que no está. Dios es Dios en cada momento y circunstancia.
¿Qué somos nosotros? Acaso una espiga agitada por el viento de las
debilidades o una cañafístula abierta y batida por los vientos de nuestras
pasiones. ¿Qué somos? Somos eso y mucho más en medio de este valle de
dolores y sufrimientos. Estamos en las manos de Dios y de ella no nos podemos
soltar, pues sería nuestra muerte. Hoy observamos a Jesús entrar a la ciudad del
pecado y la angustia. A la ciudad de las traiciones y la soberbia. Pero entra con
humildad. Una humildad que hace que cada uno baje las armas y se dispongan,
por o por lo menos a escucharle.
Sus discípulos saben que el maestro los necesita y con borrico en mano le
hacen montar. Todos se admiran al verle. Claro esperaban otra cosa más
grandiosa y más convincente. Eso de montado en un burro. ¿Qué es eso?
Nosotros, por estos lares, bendecimos los ramos en su recuerdo. Aunque muchos
lo toman como superstición o algo mágico. Pero en este momento los ramos
significan que Dios es el árbol y nosotros esas ramas para dar frutos, sombra y ser
leña para que otros se calienten. Además, la iglesia se alegra porque Jesús, el
verdadero Rey del sufrimiento, inaugura la Semana Santa y los más sencillos le
reconocen.
Es por eso, que la Iglesia, como pueblo de Dios, expresa su fe y da
testimonio de que el amor está por encima de toda apariencia. Es la Iglesia, todos,
que recordamos la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén, siendo aclamado
por todo el Pueblo. Caminemos pues con el Señor que nos enseña a vencer el
sufrimiento y ganar la alegría.
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, santifica
con tu bendición † estos ramos y, a cuantos vamos
a acompañar a Cristo con cantos, concédenos entrar
en la Jerusalén del cielo por medio de él. Que vive y reina
por los siglos de los siglos. Amén.
No podemos cerrar los ojos a esta gran alegría y verdad. Alegría porque
podemos saber decir al abatido una palabra de aliento (Isaías 50,4) En Dios nadie
queda defraudado. Jamás nos abandonaría. Nunca nos dejaría a ciegas. Verdad
porque somos hijos de aquella cruz del dolor y el sacrificio. Salmo 21 Dios mío,
Dios mío, ¿por qué me has abandonado? En esta vida hay caminos de caminos.
Burlas, enemigos, ladrones… Toda una clase de acciones que humillan y
maltratan queriendo separarnos del amor de Dios. Por eso y para siempre Dios o
levantó sobre todo (Filipenses 2,6-11) Jesucristo guardó silencio y se hizo esclavo.
Se sometió a la muerte y una muerte de cruz. Todo por amor y así fue
proclamado: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Dejemos, pues, que el Señor, más que entrar en una ciudad, venga a
nuestros corazones y desde allí su morada sea de provecho espiritual y
comunitario. Espiritual para querer siempre lo de Dios y comunitaria, para saber
respirar el aire de la ayuda, del compromiso y de la bondad entre todos y para
todos.
Que esta sea nuestra primera Semana Santa y que en este avanzar hacia
Dios nos encontremos unidos en el amor de Dios que todo lo puede y todo lo da.
mrivassnchez@gmail.cm
@padrerivas