Dime que te cuento y te diré que aprendes
Padre Marcelo Rivas Sánchez
www.diosbendice.org
Cumplir años resulta fácil. Continuar en ellos
es lo que amerita mayor esfuerzo.
Sin Dios no hay salvación
Interesante este 4to domingo de Cuaresma, que abre las puertas para que nos
encontremos, de verdad, con Cristo Jesús. Nicodemo quiere pero no entiende el mensaje
de Jesús. Y aquí está la clave para empezar a acercarnos.
Jesús le dijo a Nicodemo que para entrar en el Reino de dios "hay que nacer de
nuevo". Hay que aprender a ver. Somos muchos los que pensamos que somos de Dios
porque nos hemos bautizado, fuimos al catecismo, comulgamos, aprendimos algunos
ritos, sabemos bastantes oraciones… Y eso no basta, necesitamos colocarnos los ojos de
Dios para ver el mundo y nuestra vida. Estamos aquí para aprender a ver y nacer de
nuevo. Dicho en otras palabras necesitamos renovar nuestra fe.
Ciertamente que sin Dios no hay salvación. Pero esta salvación no es a los golpes,
metida como la medicina en el niño que la aborrece. Nada de eso, la salvación hay que
pedirla y buscarla. Y además, hay muchas maneras de ver a Jesús. Incluso todo se ve
bajo el cristal con que se mire. Todo, muchas veces, depende de la situaciones en que
nos encontremos. Entonces, "Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto así
también es necesario que el Hijo del hombre, Jesús, sea levantado en alto" (Juan 3,14)
Hay que mirar y hacerlo bien. Pues, hoy en día se miran muchas cosas y nos quedamos
en bagatelas que nos distraen o no dejan mirar la verdad. Por eso mirar a Jesús es
quedarse con quien da la vida eterna.
Este tiempo, Cuaresma, reclama a un cristiano nuevo que se arrima al que
siempre es nuevo: Cristo Jesús. Jesús se levanta en la cruz para traernos, regalarnos la
verdadera salvación. Jesús es la puerta de la vida, sin él no hay mañana. En Jesús la
prueba de que Dios nos ama y de corazón. Por tanto Jesús nos mira y nos presta sus ojos
para vernos redimidos - amados y ayudar a otros a acercarse.
Es por amor. Un amor con coraje para darnos cuenta y que ese amor cada día se
renueva. Por eso no necesitamos mendigarlo y mucho menos sufrir por ese amor porque
el Señor nos ama profundamente. Es un amor que tiene que ser correspondido en dos
salmos. Salmo 90 Sácianos de tu amor por la mañana, para que vivamos con alegría y
júbilo y el Salmo 136 Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.
Por tanto, en esta Cuaresma y siempre, hay que abrirse al amor incondicional de
Dios. Es Jesús quien nos ama y nos quiere curar de todas esas carencias afectivas.
Necesitamos tomar posesión de la única verdad: “El amor vencerá”, porque el amor
conquista todas las batallas por ser una fuente de coraje y de vida. Ya que el amor de
verdad está y se deja conocer y amar.
Abrir los ojos es aprender, desde ya, a mirar a Jesús que nos trae el mejor regalo:
la Salvación.
"Tanto amó Dios al mundo que le dio su Hijo único
para que todo el que crea tenga vida eterna"
mrivassnchez@gmail.cm
@padrerivas