¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío?
¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?
Es desolador contemplar el estado de algunas de las congregaciones cristianas,
con sus chismorreos y sus juicios sobre los demás; esta costumbre por demás mala, es
corriente en ellas por lo que no hay posibilidad de que se pueda confesar unos a otros las
faltas. Estas saldrían a la luz con seguridad, y además con un deje de superioridad, porque
el que denuncia es (aparentemente) mejor que el otro.
El chismorreo es devastador para la fe de todos, especialmente para los cortos en
la fe, y los que no dejan de ser niños por falta de entrenamiento o desidia de ellos mismos.
La costumbre de envidiar cualquier puesto en la Iglesia, sentirse maltratado en ella o ver
que otros son preferidos, es altamente perniciosa.
El que está en una Iglesia, está para servir y no para ser servido, como dijo Jesús
a todos y por extensión a nosotros los que le queremos seguir. Si tiene otras aspiraciones
porque se sienta mejor, o más inteligente, y hasta más diligente que otros, va errado. El
ejemplo de Fray Escoba es aplicable aquí.
Estamos hablando y sintiendo cosas como vida eterna, Dios, Jesucristo,
Salvación, y tantas otras cosas espirituales y nos dedicamos a hacer juicios de valor en
casos en los cuales hasta no estamos suficientemente informados.
Tal como aquellos trabajadores que cobraron lo mismo que los que habían estado
solo la mitad de la jornada trabajando: a estos le dijo el Señor: Él, respondiendo, dijo a uno
de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es
tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti.
¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo
soy bueno? Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son
llamados, mas pocos escogidos. (Mateo 20: 13 al 16 y concomitantes).
Si pensamos que la elección proviene de nuestra capacidad (por lo demás
recibida) andamos muy equivocados. La elección proviene de Dios, y no de nuestras
fatigosas puestas en escena de piadosos y de trabajadores por el Reino. Porque ¿realmente
trabajamos por el Reino? ¿No es cierto que a veces creemos estar haciendo algo por
nuestras habilidades, y eso nos lleva a creer también que somos o debemos ser preferidos?
Dios es tan abundantemente generoso, que da a quien lo merece más y a quien
lo merece menos, le ama y le busca con denuedo, aunque al final haya trabajado la mitad
del tiempo que el otro. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en
vano para conmigo, antes he trabajado más que todos el los ; pero no yo, sino la gracia de
Dios conmigo . (1ª Corintios 15:10).
Pablo el apóstol denodado e imparable, al final todo lo confiaba en La Gracia de
Dios para con él. Y ya puestos a terminar, podemos decir algo que la Escritura dice
magistralmente, para que todos los que trabajan denodadamente por la causa del Reino
tengan también su parte de consuelo:
Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es
Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas,
madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la
declarará , pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la
probará .
Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de
alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo , aunque así como por
fuego. ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?
Corintios 3: 11, al 16)