Dime que te cuento y te diré que aprendes
“Cuando venga el Hijo del hombre rodeado de
esplendor y de todos los ángeles, se sentará
en su trono glorioso. Todas las naciones se
reunirán delante de él, y él separará a unos
de otros como el pastor separa las ovejas de
las cabras” Mateo 25,31
Cristo Rey nos
preguntará acerca del
amor.
Papá solía decir: “estamos llegando al llegadero” esta expresión la
hacía cuando algo estaba por finalizar o se acercaban las dificultades
cuando no se habían tenido las previsiones. El domingo 20 el año de la
Iglesia, el año litúrgico termina con esta fiesta hermosa y magnífica, que es
Cristo de siempre y para siempre. Cristo Rey.
Vivimos en un mundo de reyes y reinas. Todos quieren reinar y para
siempre. Muestras sus atributos: tanto % de popularidad, sus medidas 90-
60-90, sus condecoraciones, sus trofeos, sus estudios… Una total
competencia donde unos pocos crecen y un gran número se hunden.
Permítanme reseñar una anécdota de dos viajeros en Suecia que viajan en
un autobús. “Iban dos hombres sentados juntos y uno de ellos dijo: América
es el país más democrático del mundo. Cualquier ciudadano puede ir a la
Casa Blanca a ver al Presidente y discutir los problemas con él. Y el otro
hombre le contestó: Eso no es nada. En Suecia, el rey y la gente viajan en el
mismo autobús. Cuando el hombre se bajó del autobús, le dijeron al
americano que su compañero de asiento era el mismo rey Gustav Adolf”
Este Rey de todos ha venido para salvarnos y en esa salvación nos
está pidiendo que hagamos algo por nosotros y por los otros. Busca que
sirvamos, es decir, que nos lavemos los pies (Juan 43,13) no que nos
golpeemos. Sanar a los enfermos (Mateo 9,35) no abandonarlos. Comer con
los pecadores (Mateo 2,16) no despreciarlos. Quiere que obedezcamos al
Padre (Juan 6,38) y podamos dar siempre la vida a favor de todos. Todo esto
porque habrá un juicio real y auténtico delante de Dios y no podremos
buscar culpables. Será cada uno delante de Dios.
Este Rey no es como lo entendían los representantes del Sanedrín,
pues no aspira a ningún poder político en Israel. Por el contrario, su reino va
más allá de los confines de Palestina. Tan Rey que aunque no bajó de la cruz
(Mateo 27,42) para defenderse, si supo dar la vida por todos (Juan 10,11) Es
tan rey que su poder se produjo al tercer día de su muerte al resucitar y así
se reveló como el Primogénito de entre los muertos (Apocalipsis 1,5) Pues
Dios es el alfa y la omega, el principio y el final de todo (Apocalipsis 1,8) por
eso podemos alabar y bendecir el nombre de Dios.
Ese Juicio se centrará en el amor por eso está rodeado de ángeles que
dicen la verdad porque la ven a diario. Entonces no es la apariencia la que
aparecerá, sino la verdad de ese amor entregado que debió hacerse corazón
y vida. ¡Caramba! Desnudos y todos iguales. Nada de padrinos, amuletos,
aproximaciones o buenas intenciones. Nada de eso. Nosotros solos delante
de Dios. Con una pregunta única: ¿Dónde el amor a Dios y al prójimo?
En esa pregunta nos quedaremos, pues en ella tendremos vida o
muerte. Debemos evitar todo lo malo. Todo lo que nos aparta de ese amor.
Unos luchando por conseguirlo; otros apurados por estar bajo el fuego
cruzado de las tentaciones y el pecado y algunos sumergíos ya en el lodo
del no amor. El examen que nos harán será en referencia a lo que hemos
sembrado. Examen siempre actual, constante que busca purificarnos. Nunca
amedrentarnos o hacernos creer que estamos destruidos. Examinados sobre
lo positivo de la vida y del amor. Por eso en cada Misa Dios se hace presente
para que le podamos responder. Pregunta que más que una respuesta quiere
una aptitud delante de la verdad de nuestras vidas y la de los otros. Una
opción por la verdad en referencia a: "En verdad les digo que cuando lo
hicieron con alguno de estos mis hermanos más pequeños conmigo lo
hicieron" (Mateo 25,40)
Este Año Litúrgico termina. Dios nunca finaliza pues es amor y el amor
perdura. Nosotros estaremos dentro de ese amor si amamos. Aquí no es
hacer con Dios un melado que acogote y repugne. No. “Ni tan calvo ni con
dos pelucas” “Ni poca luz que no alumbre, ni tanta luz que queme al santo”
Es un Rey de la normalidad de la vida que hace y deja hacer. Un Rey que da
la iniciativa del amor y permite que el amor se haga realidad entre nosotros.
“Al final de nuestras vidas no seremos juzgados por cuantos diplomas
hemos recibido, cuánto dinero hemos conseguido, cuantas cosas grandes
hemos hecho. Seremos juzgados por: Yo tuve hambre…y me diste de comer,
estuve desnudo y me vestiste…, no tuve casa y me diste posada”
(Madre Teresa de Calcuta)