LO PERENNE EN LA GRAN COMISIÓN
Hace tiempo y un día cualquiera se me ocurrió escribir algo sobre la “religión cristiana”, y
después me animé y escribí un libro. ¿Quién no escribe un libro hoy día? No sé si se habrá
vendido alguno, porque lo que digo, ya está dicho, y lo que siento como una revelación o visión
particular, puede ser compartido por solo muy pocas personas. No es que yo me tenga por muy
inteligente o religioso, sino porque lo que digo no gusta a nadie, por fas o por nefas.
Y creo que no gusta, porque la verdadera doctrina de Jesucristo es siempre la misma. He leído
casi con avidez a unos teólogos que critican acremente a los obispos de las comunidades
donde existen nacionalismos extremos. Y desde luego esas tesis que estos críticos sostienen
con la Biblia, no son un prodigio de lucidez ni de ortodoxia. Cualquier niñito de la escuela
dominical o catequesis, etc. lo sabe más o menos correctamente, a poco que sea algo agudo.
Digo ortodoxia, porque la base del amor de Dios preconizada por Jesucristo y las condiciones
que este amor pide son inamovibles. En cualquier evo de la “evolución” del ser humano. La
palabra ortodoxia no está bien vista por muchos. Si nos andamos por las ramas confundiremos
“la gimnasia con la magnesia” en el asunto de determinar lo que supone para estas personas el
amor de Dios, comunicado por Jesús a la humanidad.
Ciertamente, sería demasiado presuntuoso pensar que estamos solos en el Universo. Es algo
demasiado aventurado, pensar que existimos solo Dios y nosotros. El verbo se hizo carne, y se
puede hacer, si así lo quiere, en otros muchos atributos que ni podemos imaginar.
Solo que nosotros, en vez de entrar en fabulaciones fuera de nuestro alcance, hemos de
ocuparnos como dice San Pablo:… ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque
Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.
(Filipenses 2:12, 13)
¿A qué ocuparnos de altas y agudísimas cuestiones? Tenemos claro, que el amor no es el
querer, tal como creen tantos, sino el secundar el deseo de Dios de: que todos los hombres se
salven y vengan a conocimiento de la verdad. (1ª Timoteo)
Tenemos que insistir en que la Iglesia se ha de concentrar en el mandato de: id y proclamar el
Evangelio a toda criatura: (Marcos 16:15) y si es posible, hacer discípulos (Mateo 28:19) que
serán los que Dios, en su sola potestad, traiga a disfrutar del Reino. Las cosas secretas
pertenecen a Yahvé nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos…
(Deuteronomio29:29)
Centrémonos en ello, y no andemos por lugares o asuntos que no nos son permitidos. Bastante
tenemos con hacer lo que debemos… que por cierto… Bueno, digamos que no lo hacemos
demasiado bien. Los resultados los vemos a cada paso.
Rafael Angel Marañón
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