Dime que te cuento y te diré que aprendes
Prez y Gloria a la Virgen Sagrada,
que del Valle do reina el dolor.
A la Excelsa y divina morada
surgió en alas del célico amor.
María del Valle bendícenos.
100 años de su coronación canónica.
Mirando al oriente del país para este mes de septiembre es mirar a la Diócesis de
Margarita una Iglesia bendecida por Dios por contar con la Santísima Virgen María en la
advocación del Valle. Es una mirada que se queda en la grandeza de la fe y de la esperanza.
Una fe como regalo de Dios quien encontró en la Virgen gracia. También Esperanza, pues
con ese amor de Dios en el Papa San Pío X `quien firmó el restricto aprobatorio en 1910
para la coronación canónica. Coronación realizada con la presenciamonseñor Antonio María
Durán, obispo de Santo Tomás de Guayana.
Por eso esta mirada se queda en el Valle del Espíritu Santo, fundada en 1561,
santuario de la Virgen del Valle. La Basílica Menor de la Virgen del Valle, fue declarada como
tal el 8 de Agosto de 1995. Cabe aquí destacar que la imagen del Valle, según el hermano
Nectario María, llamada inicialmente la Purísima llegó antes de 1530 a Cubagua, como
encargo para una de las iglesias de aquella Isla, bendecida y entronizada por el Vicario de la
Isla, el Pbro. Francisco de Villacorta y después del ciclón que destrozó Nueva Cádiz, fue
trasladada, a más tardar en el año 1542, al sitio que hoy ocupa y donde existía una ermita,
adquiriendo el nombre del pueblo, Valle del Espíritu Santo.
En esta mirada comprobamos que la devoción a la Virgen está siempre viva, llena
de cariño y de una fe despierta que en cien años de su coronación quiere renovarse. Una
renovación que comienza sin dejar de lado que María edifica continuamente a la Iglesia.
Esto quiere decir que todos estamos invitados a sentirnos hermanos en la fe, con una
frescura que nos habla de fraternidad pues esa Iglesia ha sido enviada por Cristo a todas las
gentes y a todos los pueblos.
Renovación que se convierte en Evangelización. Para tomar en cuenta a muchos
que se hallan distantes. Quizás por ignorancia, desconocimiento e incluso por indiferencia.
Pero que nos obliga a llamarlos, amarlos, buscarlos y atraerlos. No es un mero acto
sacramentalista donde casi regalamos los sacramentos. Nada de eso. Es evangelización
donde cada uno se llena de Dios. Espiritualidad de acción. Que no es otra cosa que oración
de encuentro con Dios para avanzar. Luego una sana formación para una clara preparación
en técnicas, planes y avances en programados encuentros.
Es una evangelización que se inicia en nosotros mismos (sacerdotes, religiosas,
ministros, catequistas, grupos de apostolado, es decir, laicos comprometidos) para que
llenos del amor de Dios, podamos dar testimonio del Dios en que creemos. Es el primer
anuncio en una alegría testimonial de Cristo vivo en cada uno. Es una alegría que se quedó
en ese ¡Sí! responsable del fiat de María para que luego desde la cruz la recibiéramos como
Madre de todos.
En esa evangelización estará la Madre de Dios, pues conoce nuestras necesidades y
viene prontamente en nuestra ayuda, demostrando con obras que se acuerda
constantemente de sus hijos. Así como acompañó a su hijo nos acompañará a nosotros. Ella
quiere que hagamos de ordinario la evangelización como de ordinario fue a donde su prima
Isabel para acompañarle y animarle.
Por eso utilizaremos la oración. Una oración de confianza que hoy juntos podremos
pronunciar en este instante:
“
Nos acogemos bajo tu protección, Santa Madre de Dios: no
desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestra necesidad, antes bien sálvanos siempre
de todos los peligros, Virgen gloriosa y bendita” Una confianza que no nos hace dudar y
tratar a la Virgen como se trata a una persona viva. Tan viva donde la muerte no ha
actuado, ya que está en cuerpo y alma junto a Dios Padre, junto a su Hijo, junto al Espíritu
Santo.
Entonces, de estos cien años de su coronación, belleza, reconocimiento y bendición.
No andamos perdidos, ni confundidos pues somos a amados por Dios y abrazados por la
Virgen. De eso nos habla María y es por eso que su nombre llega tan derecho al corazón.
Nuestra respuesta es poder desgranar 50 avemarías para seguir en contacto con una
tradición de encuentro y amor. Además de las visitas a su santuario, el pago de las
promesas, la santa misa de acción de gracias y la participación en su procesión. Todo
formando un conjunto que es fe y se desliza en la esperanza. Además, no nos cansamos
como tampoco se cansa el enamorado de decirle cosas hermosas a su amada.
María del Valle nos bendice y para que tengamos acceso a estas bendiciones
necesitamos hacernos niños en el amor a Dios. Necesitamos hacernos pequeños, es
decir,
renunciar a la soberbia, a la autosuficiencia; reconocer que nosotros solos nada
podemos, porque necesitamos de la gracia, del poder de nuestro Padre Dios para aprender
a caminar y para perseverar en el camino. Ser pequeños exige abandonarse como se
abandonan los niños, creer como creen los niños, pedir como piden los niños.
Que María del Valle nos siga bendiciendo.