Hombre Nuevo
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José Manuel, L.C.
Flirteo sí, noviazgo no.
Al parecer los muchachos ya no se declaran a las chicas, según dicen, ni éstas esperan
pacientemente a que las conquisten. El proceso para empatarse es tan expeditivo como
sacar a una chica a bailar y que ella acepte. Las chicas pasan a la ofensiva renunciando a lo
que más les gusta y las eleva, ser conquistadas. Es cierto que las mujeres son las que eligen,
pero ceden al hombre la satisfacción de haber logrado el “sí, quiero”. ¡Qué ingenuos! Me
parece que se debe rescatar el concepto de noviazgo entre los jóvenes pues en la práctica se
ha reducido a un tipo de licencia o carnet que les otorga el derecho a los besos y caricias
que, si no fuera por el título, cualquiera diría que es indecencia. No obstante, el flirteo
entendido como jugar al amor sin pretender ningún compromiso es la nota característica
que se va imponiendo en las fiestas, bailes y reuniones juveniles. El flirteo termina siendo
amarga aventura. El noviazgo, por el contrario, es un tiempo que la pareja se concede para
crecer juntos en el amor, para alimentar las virtudes y combatir los defectos. Es un período
para madurar en el amor, no para consumarlo, es el inicio de una historia, no de un
pasatiempo.
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