Dime que te cuento y te diré que aprendes
Padre Marcelo Rivas Sánchez
Una Cuaresma para la vida.
“La vida como el atleta que se prepara.
La Cuaresma nos prepara para la Pascua.
Por ello queremos un corazón renovado en Cristo”
La Cuaresma se inicia con el miércoles 9 de marzo ceniza que se
coloca en la frente para recordarnos que somos debilidad. Y a pesar de
esa humanidad que se convierte en polvo tenemos que saber que los
cuarenta días de cuaresma son para la vida en un acercarse a Jesús, pero
con la obligación de ir cambiando, es decir, dejando al hombre viejo para
hacer nacer al hombre nuevo.
En Cuaresma nace una bella oportunidad para que nuestra vida
cambie de forma positiva. Lo observaremos muy bien en el evangelio de
San Lucas 15,1-3,11-32 con la parábola del Hijo Prodigo. Es allí donde
tendremos que reconocer que Dios no se cansa de esperarnos y de
perdonarnos. Dios siempre nos espera con los brazos abiertos, por eso
nos regala la cuaresma para; acercarnos a él, cambiando nuestra vida.
Nosotros somos especialistas para abandonar, en este caso de la
casa paterna, negando nuestra realidad espiritual de nuestra pertenencia
a Dios. De hecho pedir la herencia del padre es desear de algún modo un
tanto sutil la muerte del padre. Tal vez, hemos tenido la experiencia de
esto en algún momento de nuestra vida. Al inicio notamos que todo va de
maravillas. No tenemos a nadie que nos diga lo que tenemos que hacer,
contamos con los “amigos”, música, aventuras en tierras lejanas, etc.
Pero puede ser percatamos de que los fundamentos de nuestra vida no
están en aquellos lugares lejanos, sino en nuestra casa paterna.
Nosotros también somos hijos pródigos cada vez que pedimos la
herencia a Dios para alejarnos del Él. Somos hijos pródigos cada vez que
buscamos el amor donde no podemos encontrarlo. No es fácil recorrer el
camino de la vida sin la ayuda de un Padre que nos ame, nos comprenda
y nos anime. Uno de los grandes retos de la vida espiritual consiste
precisamente en reconocernos pecadores delante de Dios y pedirle su
perdón.
Entonces, en esta Cuaresma colocamos nuestra vida, para que el
Señor como buen alfarero nos rompa, si es posible, para que nos haga de
nuevo. Ese hacernos significa cambio, nacer, volver a empezar.
Es una maravillosa oportunidad de crecimiento en la fe y en el
compromiso con nuestra condición de bautizados. Somos de Dios y por
eso nos llama y de seguro nos acompañará. Bien lo señala el Papa
Benedicto XVI, quien invita a vivir la cuaresma como una verdadera
liberación del corazón, vivir la cuaresma como un éxodo que nos lleve a
dejar la tentación de sentirnos autosuficientes para llegar a la tierra
prometida de la Justicia de Dios, obrada en Jesús, nuestro Salvador, que
se entregó por amor a nosotros. Claro, esto no lo podemos logar a solas,
sino que necesitamos de Dios que con su amor nos libera de nuestras
omnipotencias y falsas seguridades, y también necesitamos de los
demás, nuestros hermanos y compañeros de camino, para ayudarnos y
sostenernos.
Por eso, tenemos que saber escuchar una invitación a la libertad en
la búsqueda de la salvación, donde Él actúa llamándonos a madurar, a
crecer, a decidir, a compartir, a servir… Desde ahí nace una experiencia
de diálogo con Dios que nos sugiere el respeto mutuo asumiendo a los
otros como hermanos. Dialogo que hace que el corazón se convierta muy
unido al amor de Cristo que es amor creativo y generoso que busca el
bien del otro, su realización plena.
Es un tiempo que se prolonga para descubrir y profundizar la
dimensión vocacional de nuestra vida. Prepararse es la consigna general.
En el caso de nosotros, los adultos, caminar revisando constantemente
para combatir la repetición que produce desgano y destruye las mejores
iniciativas. Se hace necesario revivir esta maravillosa oportunidad de
aquel amor primero, nuestro fervor original, nuestra entrega inicial, y de
rejuvenecer nuestra respuesta al servicio del Reino de Dios.
Cuaresma, desde luego, para animar la vida y poder superar todo lo
que nos esclaviza y nos impide avanzar. Porque no se puede ser
auténticamente feliz sin Dios, sin los hermanos, sin decir que sí a lo
verdaderamente bueno y noble que el Señor ha hecho habitar en nuestros
corazones, su aliento de Vida. Es, pues, la hora de empezar a ser
protagonistas conscientes y libres, deseosos de ofrecer lo mejor de cada
uno. Dios se nos viene encima para que desde la cruz actualice aquella
derrota y se pueda ofrecer como camino para una nueva vida y en
abundancia.
“Cuaresma para crecer.
Cuaresma para la vida y una vida plena en Dios
que no se cansa de abrazarnos en su perdón”
mrivassnchez@gmail.com