Domingo IV de Cuaresma, Ciclo C
Autor: Padre Jorge Humberto Peláez S.J.
ü
Lecturas:
o
Libro de Josué 5,
9ª. 10-12
o
Segunda carta de
San Pablo a los Corintios 5, 17-21
o
Lucas 15,
1-3.11-32
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La parábola del hijo pródigo, que hoy
propone la liturgia para nuestra meditación, es un
expresivo resumen de la historia de la salvación y de lo que han sido las
relaciones de Dios con cada uno de nosotros:
o
La historia de Israel consta de numerosos capítulos en los
que el pueblo, a pesar de ser objeto de la predilección de
Dios, hace peligrosos acercamientos a los ídolos de las culturas vecinas y da la
espalda a Yahvé quien, a pesar de todo, permanece fiel a la alianza.
o
Algo semejante
podemos decir nosotros: a pesar de todas las manifestaciones del amor de Dios,
seguimos matriculados en la mediocridad y no actuamos en coherencia con lo que
nos exige nuestra fe.
o
A pesar de nuestros innumerables gestos desobligantes,
Dios - el siempre fiel -
sigue invitándonos a compartir su vida.
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Las
intervenciones públicas de Jesús obedecen a objetivos muy precisos. Pues bien,
¿qué pretende Jesús al proponer la parábola del hijo pródigo?
o
Los invito a
releer las primeras líneas del evangelio de hoy, pues allí está la respuesta que
buscamos: “Se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y
los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos: ese acoge a los pecadores y
come con ellos”.
o
Jesús es objeto
de críticas muy duras. Pues bien, esta parábola, junto con la de la oveja
perdida y la de la moneda, tiene como objetivo justificar el escandaloso
comportamiento de Jesús.
o
Muestra que Dios
busca al pecador y lo trata con infinita misericordia; Jesús actúa de la misma
manera. Esta parábola permite apreciar el rostro misericordioso del Padre y el
rostro misericordioso de Jesús.
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En el texto
podemos identificar dos partes: la primera es la historia del hijo menor y la
del comportamiento del padre frente a su regreso; la segunda contiene la
historia del hijo mayor y la del comportamiento del padre ante lo que éste dice
y hace.
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Para comprender
la riqueza del mensaje teológico de esta parábola, acerquémonos a cada uno de
los personales.
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Empecemos por el
hijo menor:
o
Exige algo
desproporcionado, pues el derecho a la herencia solo se hace efectivo después de
que haya muerto su padre.
o
Su historia es la
misma de tantos herederos ricos que se gastan en pocos años lo que los mayores
lograron ahorrar con muchos años de trabajo y esfuerzo.
o
La gravedad de la
situación a la que llega es descrita con tres rasgos muy dicientes: está
aguantando hambre, el único trabajo que encuentra es en una porqueriza –
pensemos en su humillación pues los judíos consideraban a los cerdos como
animales impuros – y el único alimento eran unas repugnantes algarrobas.
o
Reflexiona y
decide volver a la casa paterna como jornalero porque sabe que ha perdido los
derechos como hijo.
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Veamos ahora cómo
actúa el hijo mayor:
o
Está furioso
porque su padre, no sólo ha perdonado al hijo menor, sino que ha organizado una
fiesta.
o
No entiende lo
que es el amor; está centrado en su propio yo.
o
Ciertamente, el
hijo mayor ha cumplido con sus deberes como miembro de familia, pero es duro e
inflexible. Su fidelidad a las normas es estricta, pero le falta corazón en el
momento de formular juicios.
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Analicemos la
actuación del padre, que es el gran protagonista de la parábola:
o
El texto describe
minuciosamente los elementos del encuentro con su hijo, y muestra cinco acciones
cargadas de sentimiento: lo vio a lo lejos, se enterneció, salió corriendo, se
le echó al cuello, lo cubrió de besos.
o
Después realizó
con él tres gestos de profunda significación en la cultura oriental, que
muestran la acogida total: manda ponerle el mejor vestido de fiesta, le entrega
un anillo y unas sandalias, celebra un banquete.
o
Así es Dios. Su
perdón es una rehabilitación total pues devuelve a la persona la dignidad
perdida. Y el encuentro termina en una fiesta.
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Es hora de
terminar nuestra meditación dominical sobre este maravilloso himno a la
misericordia que es la parábola del hijo pródigo. Dios Padre está hermosamente
representado por este viejo venerable que acoge sin condiciones al hijo
calavera. Esta parábola de la misericordia nos motiva para acercarnos
confiadamente a Dios, que nos ofrece su perdón a través del sacramento de la
reconciliación. Aprovechemos este tiempo de Cuaresma para poner en orden nuestro
mundo interior. Por complicada que haya sido nuestra vida, no dudemos en
acercarnos a Dios. Su amor misericordioso lo perdona todo y quiere invitarnos a
la fiesta de la reconciliación, cuya máxima expresión es la participación
eucarística.